Tecniferio
Keynesianismo
Vuelvo a Vds. varios meses después de mi última entrada solo para contarles que soy una persona muy interesante porque he leído en los últimos tiempos un par de libros sobre Keynesianismo, y explicarles qué me parece a mí esto de que la Socialdemocracia lleve sabiendo mucho tiempo cómo salir de las crisis y que no lo haya aplicado cuando ha podido. No es que yo esté más a favor o en contra de esta teoría económica que de las demás (de las cuales sé bastante poco a pesar de mi evidente superioridad cognitiva) aunque no puedo negar que, dentro de su carácter estatista más propio del siglo XIX que del Mundo Real de hoy por hoy, a priori le encuentro muchos atractivos que seguro que cualquier estudiante de Economía de primer curso puede rebatirme en un castellano patético.
Los libros que he leído son La lucha de clases en el siglo XXi. Visión política de las crisis económicas de nuestro tiempo, de Manuel Funes Robert, y Hay alternativas, de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. No voy a abundar en las biografías de ninguno de ellos porque Vds., personas de bien, leen Público habitualmente y ya saben quiénes son; sin embargo, sí quiero hacer una apreciación personal sobre el autor del primer libro, que me cayó simpático desde el principio por el carácter mesiánico de sus escrituras (con el cual empatizo mucho) y porque, ni corto ni perezoso, ha dedicado su vida a explicarle sus teorías económicas en estilo epistolar a todos los Grandes de España que han tenido a bien abrir la boca para aplastar al Pueblo Soberano con la lacra de su idiocia. Y eso que Rajoy no podría asegurar nada porque no hace una declaración ni p'atrás; al final va a hacer como Franco y no se va a meter en Política.
La primera cosa que he aprendido del Keynesianismo y que me es de mucho gusto es que parece surgir como respuesta a las teorías clásicas de Adam Smith y al marxismo, y esto está muy bien en un universo mecanicista porque las cosas que surgen en respuesta a otras suelen implicar un análisis, mejor o peor, de las primeras, y tapan huecos que se van encontrando en ellas. Además, si lo piensan muy fuertemente, esto implica un orden cronológico determinado que tranquiliza a mi TOC en su linealidad; no así, por poner un ejemplo que entiendan, el hecho de que muchas mujeres cenen Special K porque se lo dice la tele con una imagen de una buenorra, porque los Special K son cereales con sabor a plástico en vez de la ensalada que deberían cenarse, y todo ello por no hablar sobre el hecho de que ese repugnante intento de alimento imperialista tiene más azúcar de la mala que otra cosa, así que no van a adelgazar por mucho que cenen y desayunen esa mierda, sino que se van a poner considerablemente más obesas y encima van a desarrollar diabetes, aunque yo dije diabetis
hasta que lo leí por primera vez y entendería que Vds. siguieran haciéndolo porque no leen ni aunque cierren TeleCinco.
Una de las cosas verdaderamente bonitas de este sistema económico que nos traemos entre manos es que tiene efectos prácticos saludables sobre el poder adquisitivo de las personas, y no como la economía clásica o (neo)liberal, que solo se preocupa de las cuentas y los números que, al fin y al cabo, son poco más que abstracciones simbólicas que simplifican nuestra relación con el Mundo; por ejemplo, el número 1 es un palo vertical, que es mucho más simple de dibujar que uno de los altavoces Logitech que tengo yo en mi salón para goce y disfrute de mis vecinos cuando veo una peli y ellos la oyen perfectamente, aunque algo opacá porque hay tabiques todavía entre medias; imagínense que no los hubiera, lo mismo me pegaban algo que no quiero.
Pero dejando las coñas a un lado y ahora que tengo su atención, les voy a explicar por qué el Keynesianismo no es factible en nuestra actualidad sin unas cuantas reformas intermedias: la herramienta básica a través de la cual el Keynesianismo hace sus ajustes es la devaluación de la moneda, que es una cosa muy buena en un sistema cerrado: se crea más dinero y ayuda a equilibrar tu mercado interior a costa de una pérdida de poder adquisitivo con respecto a las divisas extranjeras, que encima aprovechan para invertir en tu país, mi país, dado que en ese momento es más barato; entonces el Capitalismo se infla y hace sus burbujas, como tiene por costumbre, y hay mucho miedo porque los de arriba pierden pasta, pero volvemos a devaluar la moneda y todo se ajusta de nuevo. No me ha quedado claro tras los dos libros hasta dónde se podría realizar esto, pero yo dedico mi vida a hacer fotocopias vestido de marinero, así que ya es suficiente con que sepa juntar dos letras y pronunciarlo correctamente.
Lo malo de todo esto que acaban de aprender es que ahora no podemos hacerlo a pesar de que seamos vagón de cola de la Europa de las Dos Velocidades porque dependería del BCE en coordinación con el resto de bancos centrales, pero los tíos que gobiernan, en pro del Liberalismo más atroz, un buen día decidieron darle independencia a estos organismos y ahora no hay Dios que los ate en corto. A mí me escama que les den la independencia a estos, que nunca reclamaron nada públicamente, con lo que les está costando dársela a Irlanda, Escocia o el País Vasco, aunque esto último se va a solucionar ahora que ETA está en las instituciones y que ya no nos gobierna el trotskista ZP.
Y es que si yo hubiera sido Presidente de España, y por mucho que hubiera presionado la UE, nunca le hubiera dado independencia al Banco de España para tomar sus propias decisiones basadas en numeritos que nadie entiende porque los cambia un gato tumbado sobre un teclado numérico cuando altera su postura de descanso; así ahora no tendríamos a MAFO riéndose en nuestra cara con su sueldo público de 6 cifras enteras y 2 decimales mientras el barco se va a pique. Hmmm, MAFO... A mí eso me suena a lefo
, que es la primera persona del singular del presente de indicativo del primer verbo que aprendes en la pubertad: yo, MAFO, me lefo (en tu cara)
; el complemento circunstancial de lugar lo he puesto entre paréntesis porque podría estar elíptico, dado que ya llevamos notando un tiempo dónde lo viene haciendo. Poderoso caballero...
Otra cosa bien bonita que he aprendido de tanto Keynesianismo es algo que cae por su propio peso pero que Vds., entre partido del Madrid y partido del Madrid, no han tenido tiempo de pensar porque para qué: la paradoja del ahorro. Iba a hacer uso del derecho a cita con el libro del Sr. Funes, que para esto tiene un ejemplo mucho menos soez que el que pueda ponerles yo, pero no lo encuentro y no sé si podré contenerme aunque lo intente, pero allá voy: un recto y noble padre de familia le da todas las semanas a su hijo de 13 años 10 €; el niño se lo gasta en cartas de Magic; un buen día, la madre del niño desaparece en un portal dimensional durante la madrugada y el padre abunda en una tremenda depresión que le mantiene sin ir al trabajo; el núcleo familiar pierde a sus dos cotizantes por este pequeño problema, así que el niño deja de recibir sus 10 €, con lo que no podrá intercambiarlos por bienes y servicios (en este caso las cartas de Magic), y resulta que ese déficit económico con el que no contaba el señor de la tienda friki es justo el que hace que sea insostenible seguir teniéndola abierta, y ahí abren un Starbucks 3 días después. Así fue como el continuo espacio-tiempo vengó a todos los que dejamos de jugar a Magic hace media vida y ahora no entendemos las reglas.
Todo esto, que es una gilipollez en todos los aspectos, no es más que una consecuencia de lo único que he aprendido por ahora leyendo El Capital, y es que los capitales inmóviles no producen ningún tipo de beneficio dentro de un sistema capitalista o, lo que viene a ser lo mismo: que todo ahorro innecesario o sin objetivo termina por afectar al grueso del sistema económico, ya sea teniendo que devaluar la moneda porque no se produce suficientemente o, cuando eso no se puede hacer, metiéndonos en barrizales como el que vivimos actualmente y del que no nos sacan ni con el aparato aquel con el que sacaron a los chilenos de la mina. Esto el Capitalismo se lo sabe de rechupete, y por eso sigue produciendo todas esas cosas innecesarias que Vds. no pueden evitar comprar cada vez que entran en las tiendas VIPS y cuya utilidad es más que cuestionable, aparte del mal gusto del que suelen hacer ostentación, y eso que suelen tener muy baratos los libros de Täschen; claro que nunca he conocido a nadie que haya abierto alguno de estos, si acaso los compran para rellenar las estanterías del salón y darse un aire interesante con ese tomo enorme sobre tapizados de sillas del siglo XIX o alguna engañifa similar.
Pero lo que más me ha gustado de los teóricos keynesianos es su visión política, con la que el amplio espectro de la Izquierda puede estar más o menos de acuerdo, pero ante el que yo me rasgo las vestiduras al llegar a cierto punto propuesto en ambos libros (y eso que los separan casi 30 años): el advenimiento del Gobierno Mundial como solución a gran parte de los males que asolan a la población del globo, a través de la concesión de poder ejecutivo efectivo a la ONU y elección de su Secretario General mediante un proceso de elecciones burguesas. Esto me recuerda a algo que hablaba al mediodía con unos compañeros del sindicato sobre la efectividad de poner más o menos escalones en las tomas de decisiones, ¿pero otro nivel más de Administración? ¿Más subidas de impuestos para sustentarlo? ¿Un cuerpo mundial de Policía? ¿Acaso nos hemos vuelto cyberpunks y no lo sabía? Pero fíjense lo que les digo, que a mí incluso me parecería bien si elimináramos alguno de los escalones intermedios, probablemente dejando sólo los ayuntamientos con competencias territoriales explícitas; lo que no podría permitir yo, en mi grandeza, es que la ONU le diera instrucciones a la UE, que se las daría a España, que se las daría a la Comunidad de Madrid para dárselas al Ayuntamiento y que llegaran completamente desvirtuadas por el efecto Teléfono Escacharrado. Si a eso le sumamos unos posibles niveles de corrupción como los que no se veían desde la URSS de Stalin, y que el 98% de la población no tiene interés alguno en formarse porque, desengañémonos, se vive mucho más ricamente si saber nada...
Dios mío, miren lo que han hecho, ¡al final me he apesadumbrado ante la remota posibilidad de que el Keynesianismo tampoco sea la solución! Con la única esperanza de que pongan lo aprendido a buen recaudo en su cerebro,de tal manera que jamás puedan usarlo para plantearse nada, corto y cierro, no sin antes ponerles una carita para mostrar mi tristeza ante el hecho de que los finales de mis entradas suelen ser tan malos como los de las novelas de Stephen King :(
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