Tecniferio
Tumor
Desde hace muchos años ya, una de mis múltiples paranoias recurrentes es que tengo un tumor cerebral y que, por ello, soy mejor que Vds. No es solamente por ese concepto judeocristiano de piedad con todo lo que parece desaprovechable, y eso que en mi caso es perfectamente aplicable la ayuda para el hijo de la viuda y no precisamente por masón; no, a mí lo que siempre me ha molado sería tener algo como lo de Michael Scofield pero sin morirme, o las excrecencias subauriculares de los habitantes de Solaria porque, total, ya vivo igual que ellos.
Como cualquier persona versada en Medicina sabe (y yo sé porque he visto House, M. D. capítulo a capítulo y a veces me automedico), algunos tumores cerebrales pueden hacer que huelas a quemado sin que haya fuente de ignición aparente; pues bien, esta noche a las 3:55 de la mañana (GMT+1) me he despertado sobresaltado sintiendo un intenso olor a plástico ardiendo. Imaginen los acelerados latidos de mi corazón al descubrir fehacientemente que tengo un tumor y, por ende y como siempre había sospechado, superpoderes mentales.
Por supuesto, como soy persona de naturaleza racional, he decidido darme unas vueltas por la casa a ver si era todo una falsa alarma y en realidad me estaba quedando sin piso ante unas indomables llamas; al dormir con todas las ventanas abiertas para minimizar los efectos del verano y la tela asfáltica del tejado, el primer paso ha sido sacar la nariz por el patio de mi habitación, pero no, ahí no olía a nada quemándose; es probable que mis superpoderes sólo se manifiesten cuando estoy tumbado en la cama. Al fin y al cabo es mi postura habitual y favorita, así que tiene sentido evolutivo que se manifiesten más poderosamente al yacer.
Posteriormente he recorrido en sentido horario todas las ventanas de la casa. Las del salón-comedor sí olían a superpoderes tumorales, pero no he podido actualizar mi teoría porque me pasa una cosa rara: a veces estoy sentado en el sofá y siento un impulso irracional de lanzarme por ellas, incluso aunque esté jugando al Batman: Arkham Asylum, y con eso de que tienen las barandillas a la altura de personas de hace un par de generaciones y que esto es un 6º, me las tomo con prudencia; como aún no sé si mis poderes incluyen volar o sobrevivir a un impacto semejante, lo que he hecho ha sido asegurarme de que no había nadie más en la habitación para empujarme cuando me acercase, ni siquiera detrás del sofá, que es una zona que siempre me preocupa por su dificultoso ángulo de visión.
En baño, cocina, pasillo y estudio no huele a nada, así que interpretamos que mis poderes en estos sitios son más débiles y, por lo tanto, he de pasar menos tiempo en ellos porque me hacen más vulnerable a los ataques de los malos, y teniendo en cuenta que ni siquiera sé cuáles son sus poderes propios aún, mejor no tentamos a la suerte. Sin embargo, por debajo de la puerta de la casa el olor es más potente que nunca y casi siento el impulso de salir a patrullar las azoteas de la ciudad; tengo amigos que lo hacen habitualmente, ¿por qué yo voy a ser menos? Lo único malo es que la geometría euclídea y la dinámica de fluidos, así como la Arquitectura de las Casas Quintas, me hacen pensar que debo relacionar la fuente primaria de mis nuevas habilidades sobrehumanas y la cercanía de las ventanas del salón y del distribuidor de las viviendas con la calle grande con la que hace esquina este edificio. No es que sea una calle bonita en la que combatir el crimen, pero las cosas que nos vienen dadas de manera absoluta, como los Gobiernos injustos, no podemos combatirlas.
Antes de volverme a la cama a procesar toda esta nueva información, y como última comprobación, he tocado con mis manos desnudas todas las conexiones eléctricas que he recordado tener en ese momento, a ver si es que alguna había petado y me estaba haciendo yo demasiadas ilusiones; me he volcado especialmente en el enrutador, que suele calentarse mucho y oler mal porque es de Telefónica. A mí esto del enrutador me preocupa mucho, porque Vds. escriben router
y dicen rúter
, como si conocieran en lo más mínimo el moderno idioma de la pérfida Albión. También dicen cosas como Bíliam
(hijo de Tíliam, Rey de la Montaña) cuando quieren pronunciar el nombre del Agitador de Lanzas, porque en su educación tardofranquista un curilla les dijo que la W se pronuncia como B en el idioma patrio, cuando no es eso lo correcto realmente. Pero allá cada uno con su conciencia, yo tengo superpoderes.
Tras todos estos avatares, que me han mantenido levantado la friolera de 2 ó 3 minutos, he vuelto a la cama para asimilar convenientemente qué iba a ser de mi vida a partir de ese momento; identidad secreta, mallas de colores... Por supuesto, mi socialización ha de cambiar radicalmente: me será imposible tener una pareja a menos que esté completamente convencido de que sabrá guardar el secreto, y eso por no hablar de llenar la calle de escondrijos en los que meter mis armas muy avanzadas tecnológicamente y mis uniformes, y...
Justo en ese momento, el canto de las sirenas me ha arrastrado a las Islas del Sueño otra vez; específicamente el canto de las sirenas de los coches de policía y bomberos que se han parado aquí cerca, no sé muy bien por qué. Acompañado en el viaje a la inconsciencia por sus voces varoniles, he encontrado fuerzas para tomar una determinación: probablemente hoy pruebe lo de las ventanas del salón; una cosa que atrae tan poderosamente no puede ser mala.
Es guay tener superpoderes.
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