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Festival de Otoño: David Sylvian y Philip Glass

2007-10-28 09:01

Aunque todavía quedan semanas para que termine el Festival de Otoño '07, creo que mi cartera y mis preferencias dictan sentencia por este año y se van muy satisfechas, aunque más con la parte que atañe a mi placer que al de mi bolsillo. ¡Es carísimo mantener los eventos patrocinados por 1 administración pública, 2 organismos dependientes de las administraciones estatales de otros países y 4 empresas privadas!

Si obviamos tan importante aspecto y que en la Península Ibérica hay mucho maleducado en los conciertos, he de decir que los dos a los que he asistido esta semana en el Teatro Albéniz han sido de una calidad bastante maja, aunque han tenido sus puntos negros como todas las cosas de la vida.

El miércoles estuve viendo a David Sylvian, el que fuera líder de la mítica banda Glam/New Romantic Japan, que se dignó a pisar Madrid por 1ª vez 30 años después de publicar su primer disco, aunque sin ninguno de sus colaboradores habituales de 1ª fila (Peter Murphy, Ryuichi Sakamoto, Mick Karn, Holger Czukay o Robert Fripp), sino con su banda habitual de los últimos tiempos, que parecen conocerle muy bien.

La verdad es que algunos hubiéramos preferido verle en aquella época más de maquillajes y ochenteo que en ésta, en la que sus propias convicciones personales afines al Budismo y el Hinduismo le han convertido, paradójicamente, en un maestro del Jazz Pop y las experimentaciones, alejándose cada vez más de sus orígenes y acercándose a aquella pedancia hacia la que ya apuntaba desde el tercer disco de Japan (y que conste que no lo digo con acritud).

La actuación estuvo muy bien, de ésas sobre las que algunos podrían escribir nos transportó a un novedoso universo de sensaciones a través de los acordes de su guitarra cuando lo que en realidad quieren decir es que el sonido estuvo muy bien y la actuación fue correcta, porque eso es lo que fue, correcta: Sylvian parece ser un tío frío alejado del mundanal ruido, y si a eso le añadimos que tenía que forzar la voz porque había estado enfermo (canceló los 3 anteriores conciertos de la gira), el producto final es frío, aunque, como ya he dicho, de muy buena calidad, especialmente su particular versión del Ghosts de Japan. Un concierto para el recuerdo, más especialmente cuando no sabemos si volverá en un futuro ahora que ha descubierto que le sienta fatal viajar por el mundo.

Y en otro orden de compositores, anoche estuve viendo Book of Longing, la última obra musical de Philip Glass sobre poemas de Leonard Cohen, y lo mejor que puedo decir es que adolece de algunos altibajos importantes que la mayoría del público, pijos progresistas de chaqueta de pana con coderas de ante y carné del PSOE no parecieron notar.

Para empezar, Philip Glass era un florero: salió, le aplaudieron, se sentó, se cambió de silla un par de veces y... Bueno, y ahí acabó su actuación. Si a eso le añadimos que, de los 4 cantantes que traían, a la mayoría de la gente con criterio sólo le gustaron 2, que los efectos lumínicos eran bastante jocosos y jacarandosos la mayor parte del tiempo, y que la mayor parte de la composición carecía de intensidad (excepto la dedicada al poema Puppet Time, que me pareció sublime), el producto final, a mi humilde parecer, que probablemente sea opuesto al de la mayoría del público, fue el de una actuación memorable a corto plazo, pero que no rentará mucho a nuestro cerebro con el paso de los años.

Así que lo único que me queda ahora, como reflexión, es plantearme mucho cuáles van a ser mis filtros a partir de ahora en lo tocante a lo musical. Tras muchos años muy imbuido por determinadas convicciones que acabaron disueltas en un mar de sinsabores, descubro con amargura que sigo siendo un fundamentalista y que sólo disfruto de verdad los conciertos de los músicos que siguen haciendo exactamente lo mismo que hace 25 años. Si eso es bueno o malo, no lo tengo claro del todo, pero creo que me va a ayudar a ahorrar ingentes cantidades de dinero a partir de ahora.

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