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La cinta blanca

2010-03-02 12:41

La cinta blancaTítulo original: Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte.
Año: 2009.
Director: Michael Haneke.
Reparto: Susanne Lothar, Ulrich Tukur, Burghart Klaussner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Steffi Kühnert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Theo Trebs.
Género: drama.
Calificación: matrícula de honor.

La cinta blanca es una película complicada para los que tenemos la cabeza amueblada al estilo americano; yo, que por culpa de la Sociedad me he terminado acostumbrando más al ritmo de las series de televisión que al de las historias auto-conclusivas al viejo estilo, cada día encuentro más dificultades a la hora de disfrutar con 2 horas de personajes a los que no volveré a ver jamás, que no sé de dónde vienen, y que ni siquiera puedo plantearme si son candidatos a proteger la Isla. Pero en el caso de esta maravillosa obra de arte, el asunto llega a trascender estas barreras cruzando la puerta del baño: no es que me siente mal no saber más de ellos, es que casi me alegro. Pero no interpreten esto como algo malo, ya saben Vds. que se trata de Haneke y que él nunca hace las cosas para agradar, sino para impactarnos y que mostremos un poco de ese desagrado que llevamos dentro desde el día en que alguien nos explicó cómo funcionan las horribles pulsiones humanas.

Porque no hay un solo personaje en esta película al que no podamos calificar de tremendo cabronazo, salvando quizá al narrador, que tiene una especie de nobleza educacional que el resto ni siquiera ha olido. El retrato de los hombres es desolador: férreos patriarcas que tratan a sus familias con puño de hierro sin guante de seda, y que viven sus vidas a través de un dolor anclado en unas estructuras socioculturales feudales de la que nada los puede arrancar: Dios y la nobleza, mano a mano, dando al pueblo llano una ilusión de que hay vida tras el sufrimiento diario, e imponiendo su yugo sobre el cuello del campesinado a través de la figura del Administrador: un obrero venido a más que sacrifica su humanidad para convertirse en el temido mando intermedio. Porque ya sabemos lo que suele pasar muchas veces cuando uno se acerca al Poder...

¿Y las mujeres? Relegadas al papel de meras reproductoras y trabajadoras durante las 24 horas del día, viven en un mundo de frustración y dolor ante la incapacidad de los hombres de poner orden; por desgracia, las ideas emancipadoras no habían llegado a ellas en esta época de manera poderosa. Su rol, siempre por debajo del que ostenta el marido que las posee, difícilmente llega más allá de hacer una función que no sea la de suavizar y filtrar malamente todo lo que llega a los niños. Porque esos niños...

Como bien sabrá cualquiera que haya visto ya la película, esos niños son la clave. Sus escenas son, probablemente, las más poderosas de todo el metraje; su repetición mecánica de los patrones conductuales aprendidos de los adultos que les rodean y les forman es aterradora. Sin ir más lejos, me vienen un par de escenas tremendamente crudas a la mente: por un lado, en la que conocemos físicamente al narrador mientras pesca y ve lo que está pasando en el puente sobre el río, escena que asusta por la explicación que de ella se da; por el otro, la del hijo del médico preguntando a su hermana sobre la muerte, y la posterior reacción infantil egoísta alejada de unos patrones emocionales sanos. Y habría más, pero es que esos niños son demasiado; podría escribir un tratado sobre ellos si tuviera las herramientas cognitivas adecuadas.

En lo que no termino de estar de acuerdo del todo es con ese grito que eleva la crítica periodística por todos lados con esa explicación simplista sobre el germen del nazismo; sinceramente, creo que son ganas de usar el gancho fácil y de un afán por legitimar históricamente lo que no es más que una foto fija, unas pinturas costumbristas, de una sociedad que estaba como estaba, ¡y ojo!: que ni siquiera ha terminado de desaparecer, y animo a cualquiera que lo niegue a internarse en la España profunda y comprobarlo. La gente de ciudad tenemos la óptica un poco deteriorada y nos olvidamos de que los esquemas no están rotos en muchos sitios aún.

Pero es que no podemos trazar alegremente la sencilla línea recta entre los términos Alemania, siglo XX y nazismo como si no hubiera Dios. La situación europea previa a la 1ª Guerra Mundial no era la misma exactamente que la de 2 décadas después; no olvidemos la (falsa) gloria subyacente en la idea de las naciones-Estado, ni tampoco lo que se escondía culturalmente en la población y que podemos vislumbrar en esta película. Y sí, sé que los niños que en ella aparecen fueron los que luego auparon a un megalomaníaco pintor de brocha gorda a un Poder que nunca debió ostentar (ni él ni nadie), pero insisto en que las circunstancias eran otras muy distintas. También podría hablarles mucho sobre esto, pero no sé si están Vds. preparados, si estoy yo preparado, o siquiera si es pertinente o me estoy metiendo en un bosque del que jamás podré salir.

Por lo demás, la obra es maravillosa a nivel de dirección y de fotografía. Algunos planos le ponen a uno los pelos como escarpias, y desde aquí y sin terminar el curso, le doy mi incondicional voto en varias categorías a esta película porque lo merece. Nadie me va a hacer caso, pero lo merece, igual que también lo merecen algunas de las actuaciones. De hecho me parece maravilloso que los niños lo hagan tan soberanamente bien; pienso en producciones patrias con niños y me alegro de no creer en nacionalismos, porque ahora mismo me estaría fustigando con el cilicio. Oigan, es que está tan bien hecho todo que, a ratos, no podía evitar pensar en La hora del lobo de Bergman o en alguna de las múltiples producciones de Buñuel. Supongo que el blanco y negro ayuda mucho en esto, pero no crean que me dejo sugestionar tan fácilmente: estoy por encima de todo eso y, cuando Vds. van, yo ya he vuelto. 2 veces.

Lo mejor que he visto en el cine en los últimos 6 meses.

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