Tecniferio
Qué estamos haciendo aquí
Comentaba hace escaso rato con unos amigos lo poderosa que me había parecido una metáfora que aparece en El Árbol de la Vida, película que acabamos de ver y que Vds. también deberían visionar; si no les dice algo, no pueden ser mis amigos. Tampoco si no empatizaron con Holden Caulfield o si no les gustan algunas comidas, pero no es esto de lo que les quiero hablar hoy, sino de la citada metáfora.
En una de las escenas de la película (y esto podría considerarse un spoiler), un dinosaurio le pisa la cabeza a otro que está tumbado en un río; levanta el pie, le observa detenidamente y vuelve a pisarle la cabeza; luego se queda pensando y, finalmente, se marcha dejando al otro dinosaurio ahí tumbado. Expresado así, con llanas palabras, probablemente a Vds. no les diga absolutamente nada porque se pierden los poderes del contexto y de la banda sonora, que hacen mucho, pero yo me he sentido observador, durante un breve instante, del momento primigenio en el que un ser se da cuenta de que puede someter a otros mediante el uso de una fuerza superior. Esta fuerza no ha de ser necesariamente física, por supuesto, porque casuísticas violentas hay muchas de muy variada especie, tal y como nos ha demostrado la Historia, especialmente la Moderna.
Fundido en negro, traslación al mundo real, y esta tarde estoy en el centro de Madrid en una manifestación por los servicios públicos. Quitando algunas cuitas de ámbito privado que dirimiré en el foro adecuado, leo la noticia y los comentarios de ese periódico, recuerdo las cosas que se han dicho durante la manifestación, las paso por mi filtro subjetivo y, aunque sé que esto no va a gustar a alguno de los que lo lean, vuelvo a pensar, desapasionadamente, que estamos haciendo algo mal. Muy mal. Realmente mal.
Para empezar, me alegro de que el subtítulo mencione Miles de personas
, porque eso es exactamente lo que había: 2000 personas a lo sumo (y aún así creo que es tirar por lo alto); durante la lectura del comunicado final nos han dicho que en Barcelona había 40 000 manifestantes, cosa descabellada y que me hace pensar que realmente necesitamos más y mejor educación porque no sabemos contar (o que nos empeñamos en engañarnos entre nosotros), y ahora leo por ahí que la Guardia Urbana de la Ciudad Condal dice 5000, lo cual se aproximará más a la realidad pero se pasará.
Y es que estamos cometiendo un error muy malo, un error infame, al entrar en esta guerra de cifras, y es caer en el juego del dinosaurio que, históricamente, nos viene aplastando la cabeza contra el lecho del río. Más
no implica necesariamente mejor
, y una idea no se convierte en más justa porque la respalde un mayor número de gente: la Democracia es el sistema más equitativo, no el que necesariamente toma las mejores decisiones o siquiera las más ajustadas a la realidad, porque en todo esto influyen las fuerzas externas, lo que hemos mamado desde pequeños, lo que nos bombardean los velocirraptores hora tras hora, nuestros propios deseos y arrebatos... Sin ir más lejos, incluso en mi interior hay una dicotomía terrible con todo este asunto de los servicios públicos, pero responde a subjetividades y a condicionamientos goebbelianos más que a realidades, y considero éticamente justa la idea objetiva; eso me basta para luchar por ella a pesar de que cada día soy más consciente de que andar por la calle con otra gente ondeando trapos de colores y gritando consignas prefabricadas no es realmente lucha
: esta es otra parte del modelo sobre la que deberemos ejercer el pensamiento crítico más pronto que tarde.
Porque hemos de terminar, de una vez por todas, con la idea de que vamos a ponerle las riendas a este caballo desbocado que el devenir historicista llama Capitalismo Neoliberal (en contraposición a los anteriores tipos de Capitalismo: de acumulación, Keynesianismo, etc.). Esto se va a la mierda, amiguetes, y ni siquiera este resurgir de la Izquierda que algunos analistas creen ver en las victorias parlamentarias de los social-liberales en algunos puntos de Europa me va a hacer cambiar de opinión en estos tiempos en los que nos vemos abocados, inexorablemente, al futuro gobernado por poderosas transnacionales que tantos y tantos escritores de ciencia-ficción ya predijeron hace décadas. Los Parlamentos mientras tanto, cada vez más gordos y encantados de conocerse a sí mismos, aún dirimiendo cuestiones del XIX sobre líneas imaginarias en los mapas; ¿de verdad hace falta una amenaza mundial al estilo de Watchmen para que nos centremos? Debemos estar locos.
Desde que leí hace unos años la Justicia Política de Godwin (publicado en una colección de textos del PSOE, dicho sea de paso), no he podido dejar de estar de acuerdo con una de sus ideas, probablemente de las más poderosas y menos recordadas de esta obra precursora del Anarquismo: la necesidad de una educación racionalista (llámenla pedagogía libertaria
si así van a dormir mejor) como vehículo primario para la superación de los escollos sociales e históricos que pudieran darse en un momento determinado. De esta manera, este pensador de la corriente conocida como Socialismo Utópico (que, visto lo visto, es un nombre acertadísimo) proponía que la sociedad se conduciría a sí misma, en una suerte de confederación, el día que un Contrato Social adecuado a principios éticos racionales se aceptase como base de la convivencia entre las personas. Verán que esta última frase no dice nada si la releen atentamente, pero en realidad resume muy bien lo que venimos haciendo mal desde hace varios períodos históricos: no hemos querido educarnos en una convivencia adecuada que liberara a unos del yugo de ser gobernados y a los otros del de gobernar porque, en el fondo, lo que todos queremos es ser el dinosaurio que le pisa la cabeza al otro. Por eso nos empeñamos, una vez más, en montar este caballo para decirle a gritos hacia dónde tiene que cabalgar y poder ponerle la enseña de nuestra caballeriza al rojo vivo, y eso que en nuestra caballeriza no nos hablamos con el mozo de cuadras, el dueño es un déspota, y resulta que el manual de adiestramiento se ha probado ineficaz en cientos de situaciones pero sigue siendo dogma. No sé si decirles si creo que es una cuestión antropológica y cultural o si resumirlo con un breve la verdad es que somos la hostia
. Esto último habrán de elegirlo según si les ha gustado El Árbol de la Vida o no.
¿Y qué es lo que yo propongo? Que rompamos de una vez con estas dinámicas ineficientes que no nos llevan a ninguna parte, pero sin que nadie me acuse de liberal por decirlo públicamente. Estoy cansado (¡muchos lo estamos!) de repetir una y otra vez aquello del Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones
, pero que nos empeñemos en intentar imponerlo sobre este otro. No, lo que tenemos que hacer es, definitivamente, empezar a vivir nuestra vida como queremos, basada en unos principios que nos parecen justos y demostrando que nos creíamos las cosas que decíamos. Algunos se quedarán por el camino, incluso es posible que yo sea uno de ellos si me apuran, ¿pero qué quieren que les diga? Llevo estadísticamente más de un tercio de mi vida sin ver mejora alguna, así que sólo me puedo plantear el romper con todo y empezar a hacer las cosas bien o el posibilismo, pero esto último me llevaría a creer en cosas que atentan contra la Razón, y habíamos quedado en que eso no nos gusta.
Y sé que hay voces que disienten de lo mío, y que opinan que lo que tenemos que hacer es ponernos violentos y matar a los que son distintos porque no nos van a permitir seguir adelante con nuestro proyecto, pero creo que sólo es que tendemos a pensar que el hecho de que el Sistema imperante venga a echarnos de un lugar hace nuestra idea menos justa al no ser legitimada o no venir respaldada por miles de ciudadanos furiosos, como aquel fenómeno pop del 15-M. Sinceramente, creo que si nos formáramos y empezáramos a vivir según predicamos, estaríamos más cerca de conseguir habitar Walden Dos que estas ciudades que huelen a pis de descontento vital regado con alcohol barato.


La cuestión fundamental es educativa, estoy totalmente de acuerdo. En algún momento del camino hemos perdido la noción de sociedad civil. Y si a esto le sumamos la amnesia que solemos sufrir (o que han conseguido inocularnos casi como en inception) por todo lo que se hace desde el poder, el cóctel es perfecto para que cualquier multinacional se haga con las riendas sin casi oposición.
Yo trato de ser optimista. Creo que si un reptil sanguinario es capaz de ser misericordioso, nosotros también podemos aspirar a algo mejor. Pero no va a venir por sí solo, claro…
Feliz año, Tecniferio. Muchos éxitos y ojalá puedas seguir enriqueciendo este gran blog.
@Ferio: vaya, gracias; lo tengo un poco abandonado últimamente, he querido escribir un par de veces pero no me ha acompañado la inspiración. Pero volveré pronto a ello, tengo esa fe en mi interior.