Tecniferio
Vuelta Atrás
Título original: Rollback.
Año: 2008.
Autor: Robert J. Sawyer.
Género: ciencia-ficción.
Calificación: suficiente.
Aunque han pasado ya varios días desde que terminé esta novela que me recomendó mi compañero del trabajo, mis labores en el Mundo Real, cada día más absorbentes, no me han permitido escribir sobre ella hasta ahora. Tampoco es que a Vds. les importe o les quite el plato de la mesa este hecho, pero determinados eventos de los últimos tiempos sólo han conseguido que yo quiera pasar menos tiempo delante de este cacharro y más rato tumbado en la cama leyendo o mirando al techo; sin embargo, no puedo evitar atormentarles un poco diciéndoles, de cuando en cuándo, qué cultura deben consumir y cuál desechar, y aunque ya me quedé con un cierto mal sabor de boca con este autor tras leer Starplex, quise creer que el tío en cuya obra se había basado la serie de televisión que estaba llamada a ser la heredera de Lost (y que al final ha sido cancelada) podía hacerlo mejor. Y miren, sí, sin tirar cohetes ante este libro, sí que puede hacerlo algo mejor, lo cual es de agradecer aunque no vaya a quedar para el recuerdo.
Vuelta Atrás es una excusa de ciencia-ficción para poder darle unas cuantas vueltas filosóficas al Amor, a las diferencias que surgen de las distintas evoluciones entre las personas que componen una pareja y adónde conducen estas cosas, a la angustia que se siente cuando se ve que algo ya no va más para alante pero la presión moral y cultural te obliga a estirarlo hasta que la goma se rompe y te da en la cara dejándote unas marcas que nunca te podrás quitar... Hey, no se asusten, tengo un buen día; es sólo que empiezo a escribir y se me van las manos solas.
La trama gira alrededor del nonagenario matrimonio Hallifax, felizmente unido desde hace 60 años; Don es un operador de radio jubilado, y Sarah se hizo famosa en el pasado por ser la 1ª persona que envió un mensaje a una civilización alienígena. Pero ahora, muchas décadas después, ha llegado la respuesta a ese mensaje y la civilización se pregunta si existe alguien tan capacitado como ella para seguir adelante con el diálogo. Al no encontrar sustituto, un multimillonario se ofrece a pagarles una Vuelta Atrás
, método pionero de rejuvenecimiento por el que su metabolismo podrá retroceder hasta los 25 años y, de esta manera, volver a vivir una vida entera hasta el siguiente mensaje extraterrestre. Pero algo falla y sólo Don consigue rejuvenecer, mientras Sarah languidece en sus últimos días, llevándose con ella el secreto alienígena y la certeza de que el cisma de la edad romperá su matrimonio.
Madre, sí que estoy lírico hoy. La cuestión es que el libro, que podría haber sido una obra maravillosa si se hubiera llevado bien, adolece de los mismos defectos que Starplex y de algunos de nuevo cuño. Por ejemplo, tiene la maldita manía de legitimarse a través de anecdatos: no necesito oír hablar de Google en ninguna novela, ni que me cuenten que Coca-Cola y Pepsi se fusionaron, ni que se citen artículos completos de la Wikipedia. Lo siento mucho, pero el resultado es tan plástico que no sólo no logra el efecto deseado, sino que además me echa bastante para atrás, especialmente por su frecuencia en el texto. Que no, maldición.
Por otro lado, algunas decisiones de los personajes parecen extremadamente forzadas, poco humanas, más justificadas por la tragedia de la historia que por un proceso más o menos lógico de actuación de seres racionales y egoístas; los protagonistas son extremadamente vitalistas y existencialistas, con un tufillo optimista que, perdonen que les diga, pero me veo incapaz de compartir, y luego se ven inmersos en unas montañas rusas emocionales que sólo me dejan una creencia freudiana de que lo que realmente les ha pasado en 60 años de amoroso matrimonio es que han estado tremendamente reprimidos y que son lagos y tienen que nadar en sí mismos. Y eso no está bien.
Ya como colofón, con lo que no transijo y de lo que ya me quejé amargamente en su otra novela es de esa manía ultra-descriptiva que tiene con los extraterrestres. Lo siento mucho, pero creo que lo de los muñequitos a cual más fantasioso se me pasó hace mucho tiempo, y no necesito que gasten una página de mi tiempo explicándome las cualidades reptilianas ni la cantidad de piernas, ojos o tentáculos que tienen. De verdad, de verdad, de verdad: yo también he cometido errores así en el pasado en mi larga lista de obras (cough cough), pero he sabido enmendarme y ahora soy un escritor de éxito, como bien saben. Alguien debería decirle a este señor que la está cagando en este punto.
Después de leer esta segunda obra suya, no puedo evitar tener la sensación de que sus libros serían mucho mejores si fueran menos descriptivos, con menos detalles del entorno que sólo distraen de la trama y, desde luego, si no fuera tan masón a la hora de legitimarse por la vía templaria. Esto es ficción, y por eso es innecesario que la atemos de forma directa a un mundo que ya es suficientemente extravagante por sí mismo.

