Tecniferio

Confieso

2010-04-16 11:27

ConfiesoAño: 2009 (3ª edición revisada, original de 2001).
Autor: Ramón Cerdá.
Género: erótica. Creo.
Calificación: suficiente.

Compañeros, me enfrento a uno de esos dilemas morales que le ponen a uno en un brete y no sé qué hacer. El autor de esta novela parece hacer búsquedas de sí mismo por Internet y no quisiera ser desconsiderado con su trabajo; sin embargo, como ya he hecho otras veces, me siento en la obligación de decir lo que pienso, y ahora ya no puedo detenerme. Que alguien me pare los pies antes de que una banda de mafiosos llame a mi puerta para romperme las piernas, por favor.

Lo primero es lo primero: conseguir que se editen tus libros en un país con escasa cultura literaria y siendo un escritor, para qué lo vamos a negar, bastante desconocido, merece mi más sincera felicitación. Ojalá yo tuviese tantas ganas de escribir como este caballero, y encima consiguiese publicar, ser invitado a ferias, etc. Mi más merecida enhorabuena.

Por otro lado, también decir que nunca había leído una novela de estas características y que no me ha disgustado, oiga; es más, incluso he empatizado en asuntos puntuales con el bueno de Héctor y eso me ha hecho sentirme menos solo en mis desequilibrios diarios, que son muchos y muy variados, aunque en ningún caso tan extremos.

Sin embargo, me tienen que permitir que sea ácido, mordaz y lacerante a la hora de desgranar los entresijos de esta obra, que fue primeriza y, probablemente por ello, imperfecta. Por ejemplo, el uso de la puntuación. Es sorprendente muchas veces encontrar textos en este país en los que las pausas no estén mal marcadas (si es que existen), y aunque este libro no es ejemplo paradigmático de ello, me he sorprendido a ratos teniendo que volver atrás en la lectura para encontrar un sentido a algunas frases. En alguno de los casos se debía más a mi cansancio y falta de atención que a otra cosa, pero en otros pude comprobar que eran importantes fallos de edición. Cómo me joroban estas cosas, es como en los últimos libros que se publicaron de Dune que, encima de ser malos, parecía que los había revisado un mono oligofrénico.

Por otra parte, considero que se abusa, al igual que en el libro que leí antes de éste, de los malditos anecdatos; sin ir más lejos, me viene a la mente el pasaje en el que se habla de la Plaza del Carmen (Madrid) y se menciona la tienda de santería que, cualquiera acostumbrado a andar por el centro de esta ciudad de cemento, habrá visto cientos de veces. ¿Pero qué maldita necesidad había de enumerar todos los productos que había dentro como si estuviéramos haciendo inventario? ¿Por qué esa ingenuidad al hablar de las tiendas de tatuajes y perforaciones de la calle Montera? ¿Qué necesidad de volver al lugar común de la prostitución en dicha calle? ¿Alguna vez se hará una película en este país que no vaya de la Guerra Civil?

Otro ejemplo que me viene a la cabeza de esto, entre otros muchos como los relativos al Word y al Windows 98, es el que paso a transcribir haciendo uso del derecho a cita; en la página 58, Héctor le dice a Tasio:

[...] Todo en esta vida es relativo y depende de cómo te lo cojas, todo es importante o no en la medida en la que te lo propongas, y nada es lo que parece. La guerra de los cien años duró en realidad 116, los sombreros Panamá se fabrican en Ecuador y no en Panamá, los rusos celebran la revolución de octubre en noviembre, los pinceles de pelo de camello en realidad se fabrican con pelo de ardilla, Jorge VI en realidad se llamaba Alberto, y las grosellas chinas son de Nueva Zelanda. ¿Quieres que siga?

No, por favor, no es necesario que siga si no quiere, porque ya ha fusilado Vd. bastante esa presentación de PowerPoint que nos ha llegado a todos los internautas castellano-parlantes del planeta a través del correo electrónico. Y eso por no hablar de que Guerra de los Cien Años y Revolución de Octubre se escriben con mayúsculas porque son eventos diferenciados que han adquirido propiedad. ¿Ven lo que les digo de las ediciones?

¿Y a qué viene en un punto álgido de una descripción esa metáfora (que ahora no encuentro) que reza como el comunismo oprimió al pueblo? ¡Ya estamos jodiendo! No fue el Comunismo lo que oprimió a la gente, sino el autoritarismo; supongo que el autor se refiere al comunismo autoritario, también conocido como capitalismo de Estado. En fin, ésta es una parafilia mía que probablemente interese a pocos, pero ahí queda. La Historía me absolverá, como dijo aquel comunista autoritario tan carismático.

Claro que esto no extrañará a nadie cuando les diga que el libro venía de regalo con la revista Tiempo, y de allí fue de donde lo saqué yo. Ahora veamos qué es lo más leído en dicha revista: Ortega Cano, la verdadera cara de Carmen Lomana, Marbella recuperó su esplendor por una noche al lado de una foto de un señor bajito con bigote, Belén Esteban, la nueva versión de Pasión de Gavilanes... Uy, me estoy poniendo de una mala hostia por momentos que, como coja la escopeta y me líe a dar tiros por la ventana... Bueno, ahora mismo vivo en un interior, pero cuando me traslade a mi casa el mes que viene, se caga la perra.

¿Y por qué el libro está lleno de propaganda de la empresa del autor? ¿Los lectores de sus obras compran muchas sociedades anónimas y limitadas habitualmente? ¿No existe alguna ley en este país que inhiba a los autores de imprimir propaganda en textos literarios?

Maldición, me voy a poner a hacer pesas para sacar toda esta ira de dentro de mí. Que conste que le otorgo un suficiente porque ya ha conseguido más en el mundo literario que yo, y porque no quiero que nadie a quien le dé pereza leer esta entrada se lleve una impresión extrema que pueda perjudicar a Don Ramón, a quien sólo le deseo lo mejor y que sus libros triunfen; bien cierto es que las premisas de los siguientes no pintan mal, aunque destilen cierto tufillo a La sombra del viento. Pero este libro y, particularmente, su edición... Hay cosas que me superan.

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