Tecniferio

Tormenta de Espadas

2010-02-24 14:25

Tormenta de Espadas
Título original: A Storm of Swords.
Año: 2000.
Autor: George R. R. Martin.
Género: fantasía medieval.
Calificación: matrícula de honor.

Tras muchos días muy atareado con diferentes historias de la vida real, anoche ya fui capaz, tras estar 14 horas en el trabajo, de dedicarle suficiente tiempo a Tormenta de Espadas como para poder finiquitarlo. ¡Y qué placer se revuelve en mi interior por poder decir ¡Yo también estoy leyendo la saga que desbancará a El Señor de los Anillos del Olimpo de los Dioses!

Sería absurdo a estas alturas tener que ponerme a resumir de qué va el libro, así que mejor nos saltamos ese trozo; total, es una 3ª parte y, quien no lo venga leyendo ya, no se iba a enterar de mucho; además iba a coger retazos que le amargarían la sorpresa posterior y esas cosas no se hacen.

Sin embargo, hay otras que sí, como intentar imaginar un libro de los últimos 50 años con más carga épica que éste, y no me refiero ya a las gestas heroicas por sí mismas, sino a esos momentos que le ponen la piel de gallina a uno mientras los lee (o mientras se acuerda de ellos, como me está pasando a mí en este mismo instante). Me vienen a la cabeza un par bastante significativos, como esa liberación de una multitud esclavizada con posterior arenga o, ¡qué demonios!, probablemente mi momento preferido de la novela (y que no lo lea quien no quiera):

[...]
-Una moneda de plata más no va a cambiar nada, niña -le dijo.
-No es de plata. -Cerró los dedos en torno a ella-. Es de hierro. Tomad.
Le apretó contra la palma de la mano la pequeña moneda de hierro que Jaqen H'ghar le había dado, tan gastada que el hombre cuya cabeza aparecía en ella no tenía ya rasgos.
Seguro que no vale nada, pero...
El capitán la examinó, parpadeó y clavó la vista en Arya.
-Esto... ¿Cómo...?
Jaqen me dijo que dijera las palabras también. Arya se cruzó los brazos sobre el pecho.
-Valar morghulis -exclamó con firmeza, como si supiera lo que significaba.
-Valar dohaeris -respondió él mientras se tocaba la frente con dos dedos-. Tendrás un camarote, por supuesto.

Esto, que a la mayor parte de Vds. no les dice nada, malditos iletrados que no se leen ni las instrucciones de los videojuegos, a mí me pone los pelos de punta y me evoca una serie de sensaciones que son una extraña mezcolanza entre envidia por vivir una vida al límite y orgullo por ver que las cosas salen como uno espera, pero con fanfarria de trompetas por detrás. Yo sé que muchos no me entienden; tampoco lo esperaba, no se preocupen.

Por lo demás, tampoco les puedo decir nada que sea nuevo: es un libro muy largo dentro de una saga aún más larga, que nunca sabremos cuándo acabará porque tememos que George R. R. Martin morirá de sobrepeso antes o después, y no tenemos fe en que ninguno de sus familiares retomara el trabajo para rematarlo; bueno, de hecho tenemos fe en que no lo haga, después de conocer los bodrios de Brian Herbert (que yo me compro compulsivamente, todo sea dicho).

Así que aquí estoy, acunando Festín de Cuervos entre mis amorosos y cálidos brazos que nadie más quiere probar (¡benditos objetos inanimados!), y rezando por encontrar hoy o mañana un hueco para poder empezarlo y, de esta manera, adelantar a alguno de mis amigos que, con vanas excusas de que es sólo la 1ª mitad del libro que se completará con A Dance with Dragons un lustro de estos, sólo muestran su miedo a saber qué pasa con algunos de los personajes que vienen acompañando mis noches en los últimos meses.

Y sí, sé que dicho así suena realmente triste, pero también sé que algunos de Vds. no sabrán jamás de lo que estoy hablando y siento pena.

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