Tecniferio
La Voz de los Muertos
Título original: Speaker for the Dead.
Año: 1986.
Autor: Orson Scott Card.
Género: Ciencia Ficción.
Calificación: notable.
Hace tantos días que terminé de leer La Voz de los Muertos que no sé si podré escribir sobre él con tanta pasión como demostré por terminarlo. La verdad es que tengo la cabeza en elecciones sindicales y reformas de pisos, así que no esperen de mí nada sensato en esta crítica, aunque les prometo que intentaré darles lo que Vds. merecen aunque ello implique dejar de escribir cuanto antes.
Este libro, como bien sabrán, es una secuela de El Juego de Ender, pero escrita a la manera en la que Clarke preparó la saga de Rama, es decir, un libro único y una trilogía posterior que recupera los temas de dicho libro; en este caso, éste sería el primer libro de la trilogía, y de hecho lo es. Sin embargo, temáticamente está bastante alejado de la 1ª parte, y es inferior a ella en algunas partes pero, a la vez, una maravilla en otras. Por ejemplo, puedo decirles desde ahora que no me atrae excesivamente el trasfondo católico de Lusitania, la colonia brasileña en la que todo ocurre en este libro; sin embargo, la relación socio-política entre humanos y cerdis, esa forma de intentar hacerse entender entre naciones alienígenas es... Es... ¡Sublime! Algo que mucha gente debería leer para entender algunas de las cosas que pasan en este mundo facundo.
Como bien recordarán, El Juego de Ender terminaba con todo aquello de La Reina Colmena y El Hegemón; pues bien, La Voz de los Muertos empieza varios milenios después, en los que Ender Wiggin, gracias al viaje relativista, sólo ha envejecido unas décadas, en las que ha aprovechado para ejercer de Portavoz de los Muertos, un oficio pseudo-religioso que consiste en hablarle a la gente de personas muertas para que les conozcan bien y les recuerden adecuadamente. Su verdadero yo no puede ser revelado, porque la Humanidad aún le recuerda como el Genocida
, aquel que destruyó a la única otra especie inteligente del Universo cuando aún era un niño. Sin embargo, en la colonia Lusitania se descubre a los cerdis, otra especie con capacidades intelectuales superiores, pero cuyas costumbres están a punto de desatar un 2º Genocidio, el cuál Ender habrá de evitar para, además, devolverle a los insectores la vida que les quitó antes.
Sobre el aspecto más puro de ciencia-ficción, la verdad es que no les puedo decir mucho, porque no es nada que no hayamos leído de forma bastante parecida en obras como La Paja en el Ojo de Dios de Niven y Pournelle, o incluso en El Planeta de los Simios de Boulle. Sin embargo, me encanta y siempre recordaré como un maravilloso ejercicio de buena dialéctica y empatía (y ojo, que se avecinan spoilers hasta el final del párrafo) todas las escenas que conforman la parte del final, cuando Ender va a visitar a las Esposas para firmar un tratado de colaboración, y todos los humanos terminan entendiendo las razones de los asesinatos que sufrieron en el pasado. Una maravilla cómo está tratado este tema, oiga, es que no se hace a la idea Vd.
Sin embargo, la mayor parte del tratamiento del catolicismo en la novela me resulta un poco pueril; no me termina de convencer que, al principio, sean unos autoritarios fundamentalistas que, tras conocer a Ender, se conviertan en unos mansos colaboradores suyos, todo por difundir la Buena Nueva entre los cerdis. De hecho, el efecto que Ender parece tener sobre los humanos, a golpe de conversaciones plagadas de lugares comunes en muchos casos, me hace replantearme si el futuro de la Humanidad no residirá en ser débiles mentales o algo similar. Sí, ya sé que es Ender Wiggins, el Genocida y Portavoz de los Muertos original pero, de ahí a ganarse el corazón del pueblo a base de proclamas sentimentaloides baratas, hay un paso.
En fin, que se lo voy a resumir para que Vds. lo entiendan: lo mejor, los cerdis y la dialéctica que Ender mantiene con ellos; lo peor, los humanos y la dialéctica que Ender mantiene con ellos. ¿Quiere eso decir que sólo debemos leer la parte de los cerdis?
No, porque entonces no se enterarían de nada y su dialéctica sería como la de los humanos con Ender. ¿Entonces qué hacemos?
Leerlo entero, asimilarlo, criticarlo, decidir si están de acuerdo conmigo, intentar consensuarlo, apreciarme con mis diferencias; posteriormente, aplicar este método con la mayor parte de cosas del mundo. Ésa es la lección que subyace en La Voz de los Muertos; bueno, sería ésa si no supiéramos que el autor milita en un partido de ultra-derecha americanista y que aleccionó a todos sus hijos e hijas para que fueran militares, pero vaya, lo importante es la intención. Y mi dialéctica.
¿Qué he hecho yo para merecer esto? | Los demonios del lugar

