Tecniferio
Sabotage!
Año: 2000.
Directores: Esteban y José Miguel Ibarretxe.
Reparto: David Suchet, Stephen Fry, Alexandra Vandernoot, Santiago Segura, Dominique Pinon.
Género: comedia.
Calificación: insuficiente.
No sé por qué, pero tengo la estúpida sensación de que esta película es mejor de lo que la voy a poner; sin embargo, no puedo inhibirme moralmente de expresar también que es una chorrada como una catedral de grande, pero con una naturaleza distinta a la de las típicas tontunas que se cinematografían habitualmente en este país. No, ésta hereda el saber hacer de los últimos Monty Python, aquellos de El Sentido de la Vida, y la usa para contar una historia mayormente floja y que, seguro que si la hubiera visto doblada, merecería completamente todo esto que voy a soltar sin las milindres que he expresado al principio del párrafo.
Justo antes de la batalla de Waterloo, Napoleón cae rendido a los pies de una espía inglesa que le traiciona en el último momento; ciego de amor, se disfraza de gitana y se monta en un carromato para llegar hasta las filas enemigas y abandonarlo todo a su pasión, pero tiene la brillante ocurrencia de dejar la batalla en manos de un inepto mariscal de campo que, loco de envidia, se enajena y se cree que es el mismo Napoleón. De esta manera, conocemos desde otra óptica el evento histórico que terminó con la victoria británica y el exilio de alguien en Santa Elena.
Y para qué queremos más, compañeros. Si no fuera por la genial interpretación de Stephen Fry en el papel del Duque de Wellington, es probable que esta película no valiese su peso en plástico y lectores láser para verla. A pesar del ya mentado espíritu de homenaje a los Monty Python, que a mí se me hace bien patente durante todo el metraje (¡incluso hay un chiste basado claramente en el Nobody expects the Spanish Inquisition
!), hay una serie de salidas de tono basadas en pechos enormes o en Santiago Segura declarándose a jovenzuelas que, para qué les voy a mentir, huelen a caspa patria a más no poder. Además, permítanme que les haga una confesión: no puedo separar a Dominique Pinon de su papel en Delicatessen, y eso me inhibe de disfrutar plenamente de su rol como zumbado mariscal de campo en esta película; lo peor es que ni siquiera estoy seguro de que sea algo que hay que disfrutar, la verdad.
Por lo demás, tiene todos los elementos necesarios para que sea una película graciosilla que pueda gustar a gente que le pide escasa calidad a su tiempo de ocio, pero para seres tan elevados y perfectibilistas como yo, el metraje se convierte en una especie de pasacalles con situaciones más o menos grotescas y/o rocambolescas que no termina uno de disfrutar a pesar de ese espíritu Pythoniano que sobrevuela todo; es más, de hecho me atrevería a aventurar que la forma de actuar de Fry en esta película está seriamente influida por John Cleese, que el papel de Alexandra Vandernoot podría haber sido el que interpretaba la mujer aquella que salía con los maestros durante el Flying Circus y que, si ellos tenían la cotorra muerta, esta película tiene un cuervo que termina igual.
En definitiva, voy a decir una cosa horrible, pero que me perdone quien tenga que hacerlo: puede que ésta sea una película que disfrutase cualquier fanático acérrimo de los Python más dirigidos por los desvaríos de Gilliam; para todos los demás, lo más probable es que albergue sólo ligera gracia en su metraje, y un revisionismo histórico soso, digno de los que defienden que nunca hubo un Holocausto, o que los que lo sufrieron no están provocando otro ahora.

