Tecniferio

El ángel rojo: la historia de Melchor Rodríguez

2009-07-07 13:26

El ángel rojoAño: 2009.
Autor: Alfonso Domingo Alvaro.
Género: biografía novelada.
Calificación: sobresaliente.

El ángel rojo: la historia de Melchor Rodríguez (para no confundirnos con El ángel rojo del tal Frank Thilliez) es una novela biográfica sobre Melchor Rodríguez (como el propio título del libro indica), anarquista humanista y militante de la CNT y la FAI, miembro del grupo Los Libertos, y salvador de miles de vidas de amigos y desconocidos durante la Guerra Civil.

Mi curiosidad por esta persona fue in crescendo desde que lo conocí en la página de... Bueno, en la página de la UNT, que es el sindicato de FE-JONS, pero que nadie extrapole a estas alturas; simplemente es que, de vez en cuando, me doy una vuelta por las páginas de la mayor parte de sindicatos a ver qué luchas se cuecen en cada uno. Mucho más constructivo que ZP y Rajoy juntos, se lo aseguro.

Además, una de las muchas cosas que he aprendido de las ideas de Melchor Rodríguez a través de este libro es que se puede ser amigo de todo el mundo sin necesidad de renegar de tus ideas. Y a mí eso me parece maravilloso, qué quieren que les diga. Vivimos en un mundo en el que se nos vende, por activa y por pasiva, que si estás con nosotros, estás contra ellos, y ésa no me parece una actitud nada constructiva. Por desgracia, este mismo mundo le da pan al que no tiene dientes, y la gente compra la diferencia que otros venden, y al final todos somos enemigos en lugar de adversarios (que son cosas distintas), y cada dos por tres tenemos tracas que yo creo que nadie quiere. Un desastre.

En fin, ¿por dónde iba antes de ponerme elevado? ¡Ah, sí! Les contaba yo cómo conocí la figura de Melchor Rodríguez. La cuestión es que me entró la curiosidad, seguí buscando, y encontré esto en el periódico éste infame del Grupo Prisa. Joroba, si hasta aquí hablan bien de él, es que debió ser una persona que mereciera la pena. Total, que al poco tiempo me enteré a través del periódico Público y del Rojo y Negro de la CGT que ya estaba a la venta este libro y, aprovechando la Feria del mismo, me lo compré. Bueno, me lo compraron, mejor dicho, pero el que caso es que lo tuve, lo retuve, lo leí y lo asimilé. Y vaya si me gusta lo que se dice en él.

La historia de Melchor es graciosa cuando menos. Él quería ser torero, y lo fue durante un tiempo, incluso de esos que llevan medallitas de vírgenes al cuello (sevillano de nacimiento), pero tuvo que conocer a un anarquista en la cárcel (en la 1ª de sus más de 30 veces) para aprender el valor de la Lógica y la Ciencia sobre el de la superstición religiosa; eso sí, nadie le logró convencer de dejar los toros hasta que se vio obligado por otros motivos. Vivió en Madrid gran parte de su vida, en calles que quedan a tiro de piedra desde donde escribo esto, y fue un sindicalista de los de verdad, de huelgas y mamporros contra la policía del Capital. Vivió en monarquía, en república, en guerra y en dictadura, y de todas supo encontrar algo malo, porque lo bueno en su vida, su hija y sus amigos, permanecía constante o iba a mejor. Pero por lo que de verdad se le recuerda es por su cargo como Delegado Especial de Prisiones en la zona de Madrid y alrededores, en las que logró detener las sacas de las cárceles y las checas para evitar que los comunistas, bajo órdenes de la URSS estalinista, mataran a los sublevados falangistas, carlistas y fascistas. De esa forma, el Paracuellos del Jarama de Santiago Carrillo se vio desprovisto de la mayor parte de su alimento y, entre unas cosas y otras, llegó la animadversión de todo el mundo contra el PCE, las luchas internas por el poder entre las facciones del bando republicano, y el debilitamiento que llevó a perder la Guerra.

Por descontado, a Melchor estas acciones le costaron muchas cosas. Gran parte de los anarquistas le empezaron a acusar de quintacolumnista infiltrado, el Gobierno le negaba una y otra vez determinados cargos por lo peliagudo de lidiar entre facciones, y al final tuvo que terminar expropiando casas y pisos suficientemente grandes donde poder esconder a la gente de ambos bandos a la que, posteriormente, trasladaría a Valencia o a Francia. Pero nunca robó nada: allá donde ocupaba, recogía, inventariaba y guardaba en cajas todo lo valioso para que, cuando volviesen sus dueños, pudiesen comprobar que allí había habitado una persona decente.

Tras la Guerra y su paso nuevamente por la cárcel, consiguió ser eximido de sus cargos por la intervención de militares, jueces y personalidades públicas del bando sublevado a los que había ayudado durante el conflicto, y pudo llevar una vida normal como vendedor de seguros (tras su pasado como chapista y en la construcción) hasta que, en 1972, convencido de que Franco moriría antes que él, falleció en Madrid. A su entierro acudieron militares y políticos del Movimiento que le debían cosas del pasado y le tenían buena ley, junto con anarquistas y republicanos varios que, habitualmente, tenían que permanecer en la sombra y con la cabeza agachada por aquello de la Político-Social. Melchor Rodríguez fue enterrado bajo una rojinegra, y se entonó A las Barricadas cuando se bajaba el féretro. No hubieron disturbios.

Considero que éste es uno de los libros que más me ha aportado y abierto los ojos en los últimos tiempos. Cuando lo empecé, pensaba que no me iba a gustar el estilo, o incluso que iba a resultar un bodrio, pero al final he quedado encantado con él, y miren que eso no es fácil, que yo leo mucho. Ahora sólo cabe esperar que, si finalmente hacen una película con el guión del autor, no la caguen (o al menos no tanto) como lo hicieron con la sensiblera Salvador. También cabe esperar que la Editorial Almuzara siga dedicándose a sacar libros tan buenos como éste o aquella Guerra Mundial Z que tanto gustó a niños y mayores. Quién sabe si no estaremos dando paso a una editorial que, por fin, venga a resucitar aquellos que otros enterraron en el pasado. ¿Minotauro, dónde estás? ¿Y por qué otros llevan tu nombre?

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