Tecniferio
Los mundos de Coraline
Título original: Coraline.
Año: 2009.
Director: Henry Selick.
Género: animación de terror.
Calificación: sobresaliente.
Güena, güena pero de verdad; lo que debí haber ido a ver el sábado en lugar del bodrio aquél que no quiero ni mentar de sosona que era. Los mundos de Coraline resulta un cuento maravilloso que me encantaría comparar con el libro, pero como no lo he leído, han de fastidiarse Vds. y aceptar una crítica ramplona y sin perspectiva. Yo vendo, Vds. compran, viva el mercadeo de las ideas.
Los mundos de Coraline es una película que ocurre un poco porque sí, sin nada que vaya hilando fino entre causas y consecuencias la mayor parte del tiempo. Este detalle, que a mí me produciría palpitaciones por lo común, no desluce sin embargo el acabado final de esta cinta. Las aventuras y desventuras de una niña que, cansada de que nadie le haga caso, encuentra un mundo mejor a través de una pequeña puerta tapiada, no han de ser necesariamente un presupuesto en el que toda consecuencia haya de venir de una causa basada en las enseñanzas de Aristóteles.
Pero lo que sin duda despunta maravillosamente en esta obra es el mal rollo imperante en las situaciones desagradables que se dan al otro lado de la puerta y, qué narices, las que se dan en el supuesto mundo real también. Los personajes no son especialmente normales ni tienen gustos y aficiones como las del ciudadano medio, pero sus contrapartidas oscuras
, a pesar de ser más amables y agradables, son poco más que una evolución malsana, como si hubieras cogido a los originales y les hubieras dado un pelín de condicionamiento y unas drogas del buen rollo. Es que no sé cómo explicarlo claramente, a pesar de ser yo una persona de tan buena predisposición verborreica...
Lo que sí ha de quedar claro a cualquiera es que ésta no es una película exactamente para niños, o no al menos para niños que queramos que evolucionen en un corsé y tengan un pensamiento infantil el resto de sus vidas, como pasa a veces con los padres que me rodean; el ejemplo de Coraline podría hacer mucho daño en el cerebro de sus retoños. Ésta es una película que no se asemeja para nada a los clásicos de idiotización de Disney que le venden a Vd. por televisión, y puede que sus hijos empezaran a jugar extraños juegos y a pedir permiso para usar cuchillos, meterse en sitios polvorientos o convivir con sucias alimañas. Así que ya sabe: no deje en ningún caso que sus hijos sean niños o tengan tiempo libre; apúntenles a tantas actividades extra-escolares como puedan aguantar por dinero y agenda y, especialmente, traten de no prestarles atención cuando les hablan. Es la única manera de crear consumidores de bien para la sociedad del Futuro. O psicópatas.
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