Tecniferio

Consumo, Luego Existo: Poder, Mercado y Publicidad

2009-05-28 20:22

onsumo, Luego Existo: Poder, Mercado y Publicidad Año: 2005.
Autor: Joan Torres i Prat.
Género: ensayo sociopolítico.
Calificación: sobresaliente.

Durante la mayor parte de la lectura de este libro he estado dándole vueltas a las bases intelectuales del autor sin conocerle: Marxista, Freudiano... Y, de repente, ¡zas! Toma citas de Marx y Freud. Lo veía venir con tanto valor de uso, valor de cambio y masa. Pero consideraciones aparte, y aunque me muestre neutralmente positivo con respecto a Marx y totalmente negativo con Freud y su Psico-Análisis, el libro Consumo, Luego Existo: Poder, Mercado y Publicidad viene a sumarse a un elenco de obras de esas que, si las lees con detenimiento y te propones hacer un poco lo que dicen, pueden cambiar tu vida a corto plazo. Para dónde vaya el cambio dependerá del humor de cada uno o con qué pie se levante cada día, claro: algunos pueden alegrarse por ser más libres y otros tenderán al engrisecimiento de su ser por la misma razón. Maldita prisión de la Libertad.

Licenciado bajo CC by-nc-sa 2.5 y estructurado en múltiples capítulos y anexos para conformar un ensayo de 83 páginas totales (lo dejo claro para los perezosos), el autor desgrana en sus páginas, desde su postura más o menos acertada, los mecanismos por los que la Publicidad se inmiscuye en nuestras vidas, cómo nos afecta y, muy brevemente, cómo podríamos empezar a combatirla para hacer de ella una herramienta útil en el cambio social por el progreso (bien entendido) de la Humanidad.

Así, desde unos constructos propios de él, más o menos explicados pero casi siempre abstractos y simbólicos (dichoso Freud), se nos va explicando cómo, para el mantenimiento del Capital tal y como lo conocemos, la industria de todo pelo lleva años estudiando las reacciones humanas ante todo tipo de estímulos para transformar al ciudadano en consumidor (cosa que ha conseguido espectacularmente) sin ningún sentido aparte del de enriquecer a otros consumidores que están por encima en la pirámide social de las castas y las clases. Por descontado, todo esto viene bien documentado con unas bases económicas concretas de las que le hacen a uno que se le caiga la cara de vergüenza ajena: las corporaciones multinacionales, a todas luces más poderosas que los Estados modernos, parecen carecer de la más mínima moral a la hora de tratar con el cliente final, es decir, nosotros, los ciudadanos-consumidores.

Por lo demás, he de decir que me parecen extremadamente acertados los presupuestos del autor a la hora de apuntar hacia las motivaciones primarias como vehículos cuasi-perfectos para el control social de las personas convertidas en masa, aunque este bien parecer es más consecuencia de determinadas ideas que me llevan rondando la quijotera en los últimos 2 días que de una aceptación por mi parte de la mayor parte de lo freudiano. Claro que, probablemente, haya cosas de las que decía Freud que no estaban mal, pero tuvieron que llegar los psiquiatras argentinos con sus pastillas de colores y sus Eres un lago y tienes que nadar en ti para corromper aquello que, por su causa, ya nunca querremos conocer.

Pero claro, en la otra cara de la moneda, tenemos la contrapartida extremadamente simbólica y metafórica del autor, con ejemplos y estructuras que una persona que no esté mínimamente instruida no terminaría de captar si no fuera con mucho tesón y leyendo todo muy despacio. Fallo doble: el del comunicador que no termina de lograr pasar sus ideas al público por lo complicado, y el de la sociedad a la que le venden el aborregamiento y se niega a cultivarse. En esto de la Educación siempre estaré del lado de Owen y del resto de socialistas utópicos. Y en lo de los falansterios, claro, pero es que soy un romántico de tomo y lomo, compañeros.

En fin, como tampoco es plan de escribir una reseña más larga que la propia obra, mejor os dejo el enlace de descarga, y vosotros os lo planteáis, por si ahora que viene el verano queréis enriqueceros personalmente y empezar a analizar lo que os rodea, no sea que llegue el día de cambiarlo y digáis que no se os han dado los medios. Tan ciego es el que lo está como el que no quiere ver.

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