Tecniferio

Primero personas

2009-02-20 10:24

En mi afán onanista por irles descubriendo poco a poco las cosas importantes de mi vida, igual que aquél que se dedica a desnudarse delante de gente adinerada a cambio de bienes, hoy les voy a confesar en qué consiste mi trabajo: me dedico al noble arte del control de accesos en 1ª y 2ª instancia. En 1ª porque la competencia es de mi cuerpo de funcionarios, pero también en 2ª porque la mayor parte de la gente ha de pasar el filtro del cuerpo armado de moda antes de llegar a mis manos moldeadoras de pensamientos.

Siendo éste un trabajo de atención al público, mi compañero y yo tenemos la dicha de resultar un tándem que para qué quiere Vd. más: él habla un francés de rechupete, mi inglés no tiene parangón, ambos somos mocetones bien parecidos y prestos a la sonrisa... Y humanos, demasiado humanos. Con esto último quiero decir que no somos de piedra y que, en nuestras largas jornadas de trabajo, hemos de lidiar con gente de mundo y gente mundana, con algunos a los que no nos cuesta sonreír, agradar y resultar agradados, y con otros a los que les daríamos una galleta (en sus distintas acepciones) o un azucarillo, porque no sólo de pan vive el Hombre, así que a ver si empezamos a leer libros, Abejaruco.

El tema es que el otro día me tocó recibir una visita que parecía excitar mucho a las partículas subatómicas que nos rodean habitualmente y que yo, triste de mí, ni me molesté en informarme de quién era realmente: con su nombre me bastaba para mi trabajo, y a mí lo que me apetecía de verdad era leer La historia de Lisey. Como les dije antes, demasiado humano, y el que esté libre de pecado...

Total, que me informé de qué idiomas hablaba la visita para ver si con mi egregia presencia era suficiente, y luego recibí órdenes de parte de gente que, administrativamente hablando, no es competente para dármelas, sobre la impertinencia de hacer pasar un control de accesos a una PMI (pureza, calidad y sabor están aquí). Y miren, la verdad es que yo tengo la inmensa suerte de tener unos jefes que, por acción o inacción, saben que aquí somos todos mayorcitos y que su trabajo es de coordinación y no de dar órdenes, así que me he acostumbrado a la bendita horizontalidad y a la autogestión y, cuando me llegan órdenes y se me impele a acatarlas así, sin pensar ni dar lugar a posibles mejoras por mi parte... Pues como que no.

En fin, la cuestión es que llegó la visita, pasó la visita, la visita se hizo fotos y saludó a mucha gente que ya probablemente no se acuerde de la visita, y se fue la visita. Y ahí quedó todo, probablemente por desgracia, y yo seguí con mi libro de Stephen King (el cual terminé anoche, por cierto). Todo esto se hubiera quedado igual en mi interior si yo hoy, al despertarme, no me hubiera encontrado con esto. Probablemente Vds. lo lean y se pregunten qué narices tiene que ver con nada de lo que les he contado hasta ahora. Todo quedará más claro cuando les diga que Vandana Shiva me pareció una mujer mayor muy agradable que hubiera entendido a la perfección que aquí, en Occidente, estamos todos muy acojonados porque hay un pueblo de extraterrestres vascos con una facción que pone bombas, y por eso hay que pararse a hablar un momento con el bueno de Ferio, que además tiene una personalidad altamente estimulante y reparte unas maravillosas pegatinas de colores que protegen contra todo Mal.

Y yo creo que lo hubiera entendido porque hay algo que ves de vez en cuando en los ojos de gente con la que te cruzas por la calle, en el trabajo, en el transporte público o en la tienda de ultramarinos, y que produce ese grato alivio de reconocimiento de que aquí todos somos primero personas, y luego lo que nos eche el Mundo encima. Ahí reside, más que probablemente, la verdadera inteligencia.

Qué pena que no sea una cualidad extensible en el tiempo y el espacio.

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