Tecniferio

Apendicitis

2008-10-05 11:24

Han de creerme cuando les digo que hoy iba a escribir sobre algo mucho más profundo que se venía gestando en mi cabeza desde hacía tiempo; sin embargo, unas cuantas búsquedas internáuticas sobre el estado actual de las cosas en lo concerniente a los movimientos económicos, sociales y políticos me han deprimido para toda la jornada y prefiero dedicar esta entrada a lo que interesa de verdad a los españoles: mi apendicitis y lo que queda de ella.

Todo empezó hace 3 semanas, justo antes de salir de mi puesto de trabajo; lo que yo creía que eran consecuencias de mis hábitos alimenticios de aquella tarde (un trozo de empanada de atún comprada en el establecimiento popularmente conocido como El Guarro, unas salchichas con tomate recalentadas en microondas y un bocadillo de queso manchego) estaban creándome una serie de vicisitudes gastro-intestinales que no podía arreglar en ese momento por mis coyunturas laborales. Vale que podría haber hecho un apaño para salir corriendo al baño más cercano, pero entonces no sería el profesional que soy, y eso sí que no podría perdonármelo jamás. O sí, pero qué narices, no pensé que fuera nada serio en aquel momento. Desde pequeño he sido un experto en cólicos intestinales debido a mi higiene alimenticia, y ahora que soy un reputado miembro adulto de eso que otros se empeñan en llamar Sociedad no voy a ser menos. ¡Faltaría más!

Total, que llego al nido tras pasar por las sempiternas experiencias del transporte público, que suelen rebasar los límites del deseado civismo habitualmente, y hago partícipe a mi novia de que tengo ardor de estómago y que me voy a la cama (táctica habitual en estos casos) a ver si me levanto radiante a la mañana siguiente para una nueva jornada de insalubre onanismo alimentario. Sin embargo, la conciliación del sueño se convierte en ardua tarea y empiezo a apreciar un dolor intermitente en una zona de mi vientre que mi imaginación tacha de parte superior del canal epidídimo derecho. No vuelvo a hacer del vientre en un sitio público, que uno se infecta de gonorreas varias, escribo de forma políticamente correcta cuando en realidad quiero decir Tengo que evitar frotar el pene contra las paredes de los mal diseñados urinarios públicos cuando cago en ellos. ¿Así más claro?

En fin, que pasan las horas pero no los dolores, excepto cuando me pongo en posición fetal, que parece que se me alivian las entrañas considerablemente. ¿La marca de Innsmouth? ¡No! ¡El signo del psoas! La de cosas que aprende uno, levantado de madrugada, sospechando que lo que puede tener es un apéndice vermicular revoltoso. Muy recomendables, por cierto, las lipotimias a causa de las fotos de las intervenciones quirúrgicas de apendicitis. Ni a mi peor enemigo, vamos.

La siguiente fase consiste en llegar a tu hospital de elección para que te sometan a lo que sea necesario; cuando dicho hospital se encuentra en otra localidad y es hora punta, lo mejor que te puede pasar es que el conductor del taxi sea agradable. Y ahí tuve suerte, porque nos tocó una señora encantadora que pensaba que me iba a morir entre espasmos peristálticos en cualquier momento. Yo también, pero pensaba alargarlo lo que fuera necesario, y así fue como llegué al servicio de Urgencias media hora después y 30 € más pobre.

Allí fui atendido por una serie de médicos que, a lo largo de 5 horas, comprobaron cómo una vía intravenosa puede hacer que alguien casi se desmaye, cómo los rayos X no son prueba concluyente de nada aunque te acerquen un paso más al cáncer, cómo una ecografía de 20 minutos sólo muestra algo pequeño en la boca del apéndice, y cómo equivocar una mala digestión o algo del íleon con una apendicitis en proceso de peritonitis. Lo mejor fue que, en vez de sentarme a hacer banquillo en la sala de espera, me mandaron a mi casa (aunque ocupé la de mi madre) con un potente analgésico que me hizo olvidarme la mayor parte del tiempo de mis dolores. Craso error, aunque no voy a negar que yo no quería quedarme allí y que seguía confiando en la empanada de atún como causa de todas mis aflicciones.

En menos de 24 horas me vi obligado a volver, pero no en visita de cortesía, sino porque tenía ganas de orinar pero no había forma, y eso ya era señal de mal rollito según todos los vademécum consultados. Así que vuelta a despertar a los médicos, 5 horas de cama en Urgencias con analgésico de caballos tras lograr orinar algo más cercano al chocolate que al agua, y cirujano del aparato digestivo sobándote y usando eufemismos que venían a decir Estás jorobado, chaval. Así que no me quedó más remedio que ingresar y someterme a una extirpación quirúrgica del apéndice. Fue todo bastante apresurado: un camillero muy majete con un gorro con dibujos de Snoopy me empuja hacia el quirófano y pone mala cara cuando le cuento que me duelen terriblemente los testículos y el ano (parece ser que las apendicitis evolucionan a la par que el dolor baja por tu cuerpo, y si te duele el perineo como a mí, mejor arrancarte las tripas con las garras por tu salud); luego un anestesista con el que tuve que usar las principales normas de la Oratoria, la Retórica y la Dialéctica para convencerle de que la anestesia epidural era una mala opción y que mejor el fundido en negro para no enterarme de nada, así que conversación graciosilla, incorporarme para saludar al cirujano que el día anterior me mandó a casa, y pérdida de consciencia mientras el muy cachondo me dice Al final has caí...

Después de esto, un túnel muy largo con una luz blanca al fondo; creo que es el pasillo que va desde la sala donde esperan hasta que te despiertes hasta el ascensor que te sube a planta. Habitación 303, que es como el 101 de DM pero 3 veces, así que no sé si podré aguantarlo porque me gusta el grupo pero lo mucho cansa. También cansa que las camas de los hospitales sean potros de tortura, que te tires 3 días con fuertes náuseas e hipersensibilidad olfativa que te hacen desear más de lo habitual que todo el mundo se muera, que tengas una infección tan cafre que te están metiendo por vena 2 sueros distintos, 2 antibióticos, 1 analgésico, 1 antipirético y una cochinada para las náuseas; ¿y he mencionado que llevaba un tubo de plástico inserto en las tripas con el objeto de llenar un recipiente con mi pus? Ríanse Vds. del barón Harkonnen de la película de Lynch. Que se rían, les digo.

En los 5 días que estuve hospitalizado, todo mi mundo se vio reducido a la habitación 303, rebosante de familia, y a lo que veía por la ventana (una iglesia, tiene narices). Allí vinieron también a rendir pleitesía algunos de mis amigos. Rectifico: mis amigos, porque los que no vinieron ya no lo son (cough cough). Puedo mencionar anecdóticamente la 1ª visita de mi fiel escudero Pac, que al verme de tan buen color, con una mueca de asco/dolor y una brillante pátina de sudor frío cubriendo mi ser, no pudo menos que confesar posteriormente que creyó que me iba a morir. La verdad es que es un comentario que siempre resulta un acierto en reunión social, dado que no conozco a nadie que se haya quedado en esta tierra, y además da para abundante jolgorio y refocilar de los presentes. Algo le pasa a este mundo.

¿Y qué más quieren que les cuente? El Capitalismo me ha enseñado a no aburrirme mientras tenga una consola portátil y algo de literatura de baja estofa con la que ensuciarme el celebro; todo esto lo alterné con subidas y bajadas de fiebre, comidas hospitalarias que me hacían desear retornar a los buenos viejos días del suero intravenoso, y el largo pero intenso aprendizaje de la creación biológica de las espinacas con vinagre, y hasta aquí voy a leer porque es demasiado asqueroso y escatológico como para explicárselo a Vds., criaturas que difícilmente superaron el Micho 2.

¡Pero el Futuro ya está aquí! Ya no llevo grapas en ninguna parte de mi cuerpo y hace 3 días que el agujero del drenaje ya no sangra; he empezado a sentir esa parte de mi anatomía que ha permanecido dormida durante tanto tiempo que me hizo pensar que se habían dejado dentro un estuche con instrumental; ya me puedo vestir solo (con dificultades para atarme los botines) y he dejado de necesitar ayuda para levantarme de la cama y del sofá; lo que es más, hace 2 jornadas que he dejado de usar el ascensor, lo cual es un triunfo en toda regla. Claro que aún me fatigo al pasear más de 15 minutos, y que de vez en cuando me hago daño al hacer un movimiento brusco que ataña a la cadera o mis poderosos músculos abdominales. Pero he aprendido algo de todo esto que me ha hecho progresar como persona, que me da esperanzas de futuro y quién sabe si una orientación laboral para cuando me canse de la actual: extirparle el apéndice a alguien hace que pierda unos cuantos kilos y algo de volumen del panículo adiposo que nos protege de los puñetazos en el abdomen durante las peleas a muerte en los bares. A lo mejor si lo patento...

En fin, ya para terminar esta genuina brasa que les estoy dando y que muchos no leerán por su envergadura (lo peor es que lo admiten públicamente), unos pocos datos técnicos:

La reflexión final es que no volveré a aguantarme ningún dolor nunca más; tengo intención de colapsar todas las salas de Urgencias posibles, varias a la vez si puedo, y que no volveré a dejar que nada en mi interior se pudra, a menos que se trate de relaciones interpersonales con sujetos de dudosa calidad humana. Por de pronto, ayer comí chorizo y abundantes cosas que no debería, y por un momento pensé que todo volvía a empezar. ¿Se imaginan Vds. que tuviera que volver a empezar a contar todo esto que les he soltado de nuevo? Han de creerme cuando les digo...

  1. Ricardo G. Yayo  2008-10-06 22:06  Enlace a este comentario

    Al que dijo de ponerte epidural le colgaba yo de los pulgares. O del apéndice ese que nos cuelga a todos… Al final no sabes qué es mejor, si acudir a urgencias a la más mínima sombra de dolor o aguantarte para no sufrir las esperas de urgencias.

    Felicidades, has pasado al siguiente nivel.

    @Ferio: parece ser el protocolo actual para este tipo de casos; si la afección es de determinado meridiano hacia abajo, epidural. Pero vamos, que yo me eché una buena siesta sin sueño y sólo tuve náuseas 3 días por hacerlo, así que creo que elegí bien. Cough cough.

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