Tecniferio
Arrancad las semillas, fusilad a los niños
Autor: Kenzaburo Oe.
Género: novela contemporánea.
Año: 1958.
Calificación: matrícula de honor.
Sólo una breve reseña que se me ha quedado a medias hace un rato cuando mi iPod hizo a mi ordenador rebelarse: Arrancad las semillas, fusilad a los niños es una breve novela de Kenzaburo Oe, Premio Nobel de Literatura a principios de los '90, que cuenta con los que, probablemente, sean los ingredientes principales de la literatura de este tipo de galardonados: una prosa maestra, una forma políticamente incorrecta de narrar las cosas que encanta a la élite políticamente correcta, y una trama en la que no pasa prácticamente nada pero en la que se intenta enseñar mucho.
La historia gira alrededor de un grupo de jóvenes delincuentes que son trasladados desde su reformatorio a un pueblo perdido de las montañas para que hagan trabajos forzados; pero su llegada coincidirá prácticamente en el tiempo con el abandono del pueblo por parte de sus habitantes, que les dejarán abandonados allí y les prohibirán moverse más allá de sus límites por miedo a ser contagiados por una supuesta epidemia que está acabando con animales y humanos por igual.
Suena bastante a El Señor de las Moscas, ¿verdad? Sin duda, es su equivalente oriental. Y es esto último (cada vez que me enfrento a una obra de allí me doy más cuenta) lo que hace que sea, en forma, completamente distinto a cualquier obra occidental: los tabúes impuestos por la corrección allí no parecen hacer efecto, y a ratos parece que estemos leyendo párrafos descriptivos escritos por un Marqués de Sade que hubiera sabido narrar. Los penes en erección, la sodomía por soledad y el amor carnal con niñas pequeñas aderezan la dura historia de este grupo de muchachos abandonados a su suerte en mitad de la nada.
Sin embargo, a diferencia del libro de William Golding, esta novela no gira alrededor de las luchas intestinas de poder, sino de la diferenciación entre la racionalización del mundo de unos adolescentes que todavía no han sido asimilados por él, y las peores consecuencias de un conductismo social prácticamente auto-impuesto por unos iletrados campesinos japoneses que han desarrollado unos reflejos automáticos en su comportamiento de los que no parecen querer salir por muy absurdos que les parezcan.
En definitiva, ésta es una obra más para rumiar que para disfrutar de forma fácil; de hecho, cuando la leí prácticamente del tirón el otro día, me quedé completamente vacío después, con la sensación de que no había pasado nada realmente en sus 180 páginas, y me ha hecho falta pensar durante un rato sobre ella y crear paralelos entre ella y alguna otra cosa que leo en la actualidad para darme cuenta de su valor. Son las cosas de la vida, son las cosas del querer.
Muy recomendada para perilleros, existencialistas, y gente que no traga los grandes éxitos de ventas de las grandes superficies. Por contra, es posible que no le diga nada a los que buscan el consumo fácil de los últimos días de verano, el consumo ligero de los últimos días antes de los exámenes o, qué diantres, el consumo habitual de la mayor parte de la Sociedad. Sí, ya saben a cuál me refiero.

Pues te recomiendo encarecidamente que le eches un ojillo a otra novela suya “Un Asunto Personal”, que a mi me dejo patidifuso…
@Ferio: me lo apuntaré, aunque la verdad es que este otro me llegó de rebote de un préstamo; sabes que lo mío suele ser la ciencia-ficción y afines.
Mira si estoy traumatizado que, al leer el título del post, ya me había imaginado que eso sería el nombre del futuro remake de “¿Quién puede matar a un niño?”…
@Ferio: hombre, es que has escrito esto a unas horas que no son cristianas... Lo que tienes que hacer es dormir más y no pensar tanto en Chicho, aunque ambas historias hablen de pueblos semi-abandonados con niños violentos por sus calles.