Tecniferio

El puente Pegasus: el primer combate del día D

2007-06-12 14:03

El puente Pegasus: el primer combate del día D Autor: Stephen E. Ambrose.
Género: ensayo histórico novelado.
Año: 1985.
Calificación: sobresaliente.

Aunque éste libro también lo terminé de leer en los Jardines del Príncipe (como El tío Petros y la Conjetura de Goldbach), la sensación al terminarlo fue completamente distinta: mientras que la novela de Matemáticas me dejó un sabor dulce, este ensayo sobre el primer ataque Aliado el día D me dejó un sabor salado. Y no, no voy a hacer una comparación con el sudor de los soldados y las lágrimas por los fallecidos, porque no tengo el día tan moñas. Lo que quiero decir con ese salado es que me dejó con ganas de más, como cuando comes sal y tienes sed, ¿me entienden? A lo mejor resulta que sí tengo el día moñas...

Cabe decir, antes que nada, que yo siempre he sido ligeramente nulo para aquello que en el colegio llamaban Ciencias Sociales, que básicamente venían a ser Geografía (física y política) e Historia. De hecho, quitando los grandes acontecimientos que nadie olvida, todo lo que hoy sé de estas disciplinas me ha sido otorgado por intereses propios míos y literatura que nada tiene que ver con los horrendos libros de texto del colegio.

También puedo asegurarles que los ensayos y yo nunca nos hemos llevado bien. Será porque soy de Ciencias y, si no experimento las cosas, me aburro y lo acabo dejando de lado. De hecho, la mayoría de ensayos que he leído en mi vida han sido por obligación lectiva o por tratarse de temas muy puntuales dentro de mis campos de interés. Vamos, que incluso se me hizo eterno Sobre el horror en la Literatura, del bueno de H. P. Lovecraft, y mira que no son ni 100 páginas.

Con todo esto bien claro, la verdad es que la perspectiva de enfrentarme a un ensayo histórico se me hacía cuesta arriba, pero ya que había leído tantas cosas buenas sobre él, qué menos que intentarlo. Cuando menos, es probable que terminara sabiendo un pelín más sobre la 2ª Guerra Mundial, el Día D, y algún que otro detalle sobre Militaria.

Sin embargo, acabé aprendiendo mucho más, y no es tanto ni tan interesante lo concreto que saqué de su lectura, sino lo general que nunca había pensado y que probablemente se siga repitiendo en todas las guerras en todos los países del planeta. Si no, a las pruebas me remito.

Aprendí con este libro que los soldados rasos parecen haber sido siempre jóvenes reclutados voluntaria u obligatoriamente (como también vi en Cartas sobre Iwo Jima), cuyas máximas aspiraciones son combatir a un enemigo magnificado por la Política y la Prensa, para de esta forma poder regresar a su país convertidos en héroes y con algo más de dinero. También saqué en claro que las guerras no son nunca como en la tele, y que las tecnologías modernas acaban siendo, al final, poco más que aparato propagandístico, porque aquí lo que cuenta es quién tira el pepino más gordo.

Pero lo que más me impactó, a pesar de ser consciente de ello de forma soterrada, es que los ejércitos de todos los países están formados por personas, más o menos válidas, más o menos locas, que acaban sus vidas teniendo las mismas preocupaciones que todos los demás, y que nunca las vivieron como los héroes que soñaron.

Y es que opino que la parte más importante de este libro son las 20 últimas páginas que, a modo de epílogo, hablan de cómo los supervivientes de aquella 1ª batalla, tanto soldados como civiles, tanto alemanes como americanos como franceses, se reúnen cada año en el puente Pegasus y recuerdan aquella batalla, cómo la vivieron personalmente, y cómo las personas que son ahora han trascendido a los Aliados y al Eje, la cual es una importante lección que aprender en estos tiempos que corren, en los que todo el mundo se alinea pero nadie hace realmente nada aparte de quejarse.

Probablemente no sea un libro que todo el mundo pueda leer con gusto. Es de esos que se empiezan con desgana, que te abruman con los datos y el exceso de personas/personajes, y de los que no obtendrás mucho si el tema no te interesa o no quieres aprender. Sin embargo, me reitero: el poder real de esta obra reside en la moraleja, aunque dependa de cada uno el lograr interpretarla.

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