Tecniferio

El árbol de la Ciencia

2007-06-07 16:19

El árbol de la Ciencia Autor: Pío Baroja.
Género: Narrativa moderna.
Año: 1911.
Calificación: sobresaliente.

Creo que El árbol de la Ciencia es un libro que me ha ayudado un poco a apreciar a los autores literarios en lengua castellana, a los que en general y salvo honrosas excepciones, considero mojigatos y faltos de imaginación en la mayoría de ocasiones. Y aunque éste no sea un libro imaginativo, el autor no se cortaba un pelo en poner en boca de su protagonista lo que le pasaba por la cabeza, ideas muy avanzadas para su tiempo (o quizá las veo así por ser tan similares a las mías).

La historia gira alrededor de Andrés Hurtado, cuya vida recorremos desde su primer año de carrera en Medicina y Cirugía hasta su paso por distintos puestos profesionales en variopintos pueblos de la piel de toro, y con el que ahondamos en las formas políticas y sociales de principios del siglo XX en España.

Sin duda, creo que las partes que más me han gustado de este libro, si he de destacar alguna, son las conversaciones filosóficas con su tío Iturrioz, un burgués con la cabeza bastante sembrada que servirá de contrapunto a los ideales románticos del protagonista, y con el que se establecerán auténticas batallas dialécticas sobre temas más o menos terrenos como las que echo yo de menos en mi vida muchas veces (maldito sea mi espíritu ilustrado).

En otro orden de cosas, me ha resultado muy interesante y curioso el descubrir que la expansión inmobiliaria de esta ciudad es cosa de los últimos años simplemente, tras constatar con mi madre que, apenas antes de nacer yo, mi barrio terminaba casi con Madrid, todo ello por decirle que desde la terraza del 5º donde vive Iturrioz en Argüelles se ve el Cerro de los Ángeles.

La verdad es que este libro me ha servido también para abrirme los ojos ante la campaña ésa de ¿Qué pasaría si nunca pasase nada?, aunque sólo sea para centrarme un poco desde una postura demasiado extrema a otra un poco más suave, es decir, ni calvos ni con 2 pelucas, lo cual me alinea con las opiniones de Miguel Brieva sobre la Tecnología (y parece ser que con las de Agustín García Calvo también) en esta entrevista, lo cual no deja de sorprenderme, yo que siempre fui un tecnócrata.

En definitiva, que lo que ha conseguido este libro es llevarme a la reflexión sobre los cambios sociales y las posturas de cada cual ante los tiempos que vivimos, y en cómo todo ha cambiado mucho formalmente, aunque en el fondo el Romanticismo siempre acabe como acaba.

Y como ni yo mismo termino de lograr ordenar todas estas cosas que acabo de escribir, les recomiendo que lean el libro, que además es breve y se pasa rápidamente, para que pueda conducirles por los mismos senderos intelectivos que a mí.

  1. Miguel Ángel  2007-06-08 22:14  Enlace a este comentario

    Hace bastantes años que leí esta obra Ferio, y ya en su momento me recordó sobremanera a Heinrinch Heine. Me gustó tanto por la instrospección del personaje como por el ambiente gris y desanlejado que planea sobre el Madrid de la novela. Por otro lado, ni qué lo digas: el desarrollo urbano de la capital es más bien tardío. El año pasado justamente en un trabajo y exposición que llevé a cabo en grupo en un Curso de Patrimonio Arquitectónico (¿recuerdas aquello que te conté del proyecto soriano?) comparé unos mapas de entre los siglos XVIII y la actualidad de la ciudad. A través de ellos pude observar como hace hasta la década de los 70 (!) no llegaba más allá de Pueblo Nuevo, es decir, las zonas de San Blas y Canillejas se encontraban bastante desconectadas del núcleo urbano. Es más, hasta la década de los 80’ no se conectan y no comienza el crecimiento hacia el sur y el noroeste. Ya te dicho alguna vez que esta ciudad es un villorrio, al que coges cierto cariño, pero un villorio al fin y al cabo. Un saludo.

    @Ferio: precisamente eso era lo que decía mi madre, que hasta después de nacer yo no se fueron conectando los pequeños barrios periféricos; por otra parte, quién sabe qué barrios y ciudades habrá absorbido Madrid dentro de 20 años, porque al ritmo de expansión que lleva...

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