Tecniferio
República
El pasado sábado se celebró el Día de la República para conmemorar la creación de la 2ª República Española, allá por 1931, cuando los abuelos de la gente de mi generación aún eran pequeños.
Fue la República una época de Paz y Amor en el que se hicieron cosas bien y cosas mal, que es lo que suele pasar en este mundo con absolutamente todo. Dicen los entendidos que fue un periodo de entendimiento entre fuerzas socio-políticas, como cualquiera puede deducir de los levantamientos obreros, de las intromisiones eclesiásticas, de las disoluciones precipitadas de las Cortes unicamerales en sucesivas ocasiones, y del levantamiento del bando Nacional que llevaría a la Guerra Civil y a todo lo que Franco ató y dejó bien atado.
También fue un periodo de pensar con la cabeza y decir: ahora que se ha ido el Rey, vamos a sustituirlo con una figura igual, pero que sea elegida por sufragio en vez de por linaje
, y es que es de personas bien criadas y con ansias de volar lo de poner a otros por encima para evitarnos el cochino engorro de tener que decidir o pensar.
Es probable que a principios del siglo XX, que tantas cosas bonitas nos dejó, los españoles fuéramos muy inquietos, o mejor digamos románticos
, y viéramos en la marcha del Rey una oportunidad para:
- Cambiar de Borbón a otra cosa, no mejor ni peor, sino distinta.
- Cambiar la tercera parte de la bandera.
- Cambiar el escudo.
- Cambiar el himno.
¡Una época de cambios, sin duda!
No les voy a mentir (más): la República fue un espejismo en el desierto. No voy a negar que hubo cosas significativas y de claro ideario masónico que se recogieron tras el deceso del General Ísimo y que están muy bien puestas; a saber:
- El sufragio universal, que no sirve para nada porque siempre mandan los mismos, pero da sensación de poder y después de votar te vas de cañas, que además suele caer en días soleados.
- El laicismo del Estado, que aunque todavía está pendiente, sobre el papel queda precioso. Si no lo creen, les reto a que impriman lo siguiente: LAICISMO. Ya verán qué resultados más cucos.
- Alguna receta de cocina que alguien haría en aquella época.
Por lo demás, creo que la República fue sólo el resultado del tira-y-afloja constante y sempiterno entre unas fuerzas políticas ajenas a los ciudadanos, y que permanecen henchidas de orgullo y poder hasta que llega la crisis de turno en la que todo se va al garete y le dan el relevo a los de enfrente, que son lo mismo pero con sabor a fresa. Eso sí, de paso cortamos subrepticiamente unas cuantas libertades, subimos los precios, y España va bien
. Uy, creo que estoy extrapolando...
Yo, fiel partidario del sistema de usar el cerebro en contraposición al actual de izquierdas y derechas, anacrónico peso histórico de una Revolución que se hizo hace 3 siglos en un país que nos ha invadido militarmente varias veces porque sí, les digo a todos mis seguidores: la República no debe ser un fin, sino una peldaño hacia el armario de las galletas. Aunque para galletas las que se dan los japoneses en su propio Parlamento, y eso que allí son Monarquía.
Y que nadie se me altere porque mis opiniones sean ajenas a las del Partido: creo en la Socialdemocracia al estilo del norte de Europa, creo en la separación de poderes e incluso en la aniquilación de algunos de ellos, creo fervientemente en una Educación social y formal de un tipo que aquí nunca tendremos, y creo en no sé cuántas cosas más de las que son propias de un progre de los de chaleco de ante sobre camisa de franela. Pero es que también creo en el Existencialismo, y si hemos venido a este mundo para aquéllo de los lobos y los hombres y los borregos, y a dedicarnos a ver a quién ponemos por encima de nosotros en todas las escalas, ya sea por vaguería o por afán de creernos inmiscuidos en un sistema difícilmente igualitario, apaga y vámonos, que llevo prisa. Tanta res pública para acabar delegando en homos individuales...
No nos llevemos a engaño: el fondo de la República pudo ser muy elevado y moralmente adecuado, pero en este país (¡y en todas partes!) siempre fallan la forma y las ganas de la gente. Esos conceptos que llenan tanto la boca jamás podrán hacerse realidad si no levantamos el culo del sofá, apagamos la televisión y encendemos el cerebro.
Y es que la Paz y el Progreso Social también estaban en el ideario de la Alemania de Hitler (que, a su manera, era una República), y no sé si eso debería hacerme reír o llorar.


Por desgracia todo queda como dices en tus penúltimos párrafos. Sobre papel todo es bonito pero falta el fondo, el sustrato que hace posible aquello que se ha escrito.
Aunque bueno, estas particularidades no se dan únicamente en la realidad española, por desgracia existe una especie de canon que dicta el comportamiento socio-político de todos los estaso, estados-naciones, naciones-estados, naciones, realidades nacionales, y todos esos terruños con leyes jurídicas propias o con intento de ello.
Considero que parte de la culpa la tenemos nosotros mismos, generalizando, pues preferimos lo fácil y lo masticado que ejercer presión a la clase política dominante.
@Ferio: es que ya desde el momento que hay una , mal vamos. Pero, ciertamente, no es patrimonio patrio lo de la pasividad y el dejar hacer; bueno, excepto quejarnos, eso se nos da de maravilla, aunque sólo sirva para amargarse y poco más.
Ay, si algún día hubiese caldo de cultivo, lo que podrían cambiar las cosas, pero sospecho que la gente no tiene ganas y aduce no tener tiempo. Así nos pinta el pelo, y lo que te rondaré, morena.
Habría que mirar históricamente lo que era esta pocilga antes, durante, entre y después de las dos repúblicas; lo que éstas consiguieron mejorar en la cochiquera o lo que empeoraron; si no quieres hablar de lo que se asocia con el término o supone “república” en extenso en el plano ideológico actual es otro cantar. Es que así, corriendo y desprisa, no es que desluzca, pero lo vagamente administrativo se queda en eso, papel mojado.
@Ferio: es que, por suerte o por desgracia, lo que significa ahora mismo es quitar a uno para poner otro distinto, pero con gasto electoral (tonta excusa de algunos para ahorrarse pensar en ello, ni que el Rey saliese gratis). Nadie se plantea los cambios o factuales que puedan existir realmente. Sin duda yo apoyo una República antes que una Monarquía, siempre y cuando la gente sepa por qué lo hace; es que si no, estamos en las mismas.
Estamos ya lejos en mi opinión de la definición de los tres tipos de gobierno clásicos: monarquía, república y despotismo. No obstante, tenemos otras clasificaciones, aunque siempre hablaban de tres tipos diferentes con sus distintas variantes. ¿La opción ahora? Lejos de quitar un monarca y poner un presidente de la República a lo bruto, coíncido contigo Ferio en que la ciudadanía debe ser consciente de lo que significa tanto una monarquía parlamentaria como una república, es más, debería ser consciente de ella misma. Lo mismo ocurre que la frase “ser consciente” me resulta algo determinista, algo como la verdad está hay dentro o fuera. Quizá estamos en una época de ausencia de compromiso, de omisión de la participación salvo problemas extremos, de ir a lo fácil y considerar que la culpa de todo la tienen los parlamentarios. Sin duda tienen parte, pero también nosotros. Una República correcta debe llevar consigo un compromiso serio, corporal, un pregunta sobre quienes somos separados y juntos, una pregunta sobre como deseamos vivir y morir. Dichas cuestiones o bien suenan a “¿qué esta escribiendo éste?” o “raro”, o finalmente, demasiado duras. Actualmente, nadie quiere correr riesgos y mucho menos si implica mirarse a un espejo. Así las cosas, conviene preguntarse que es uno consigo y con los demás, que quiere ser y posteriormente, construir y destruir algo. Un saludo Ferio.
@Ferio: efectivamente, el problema radica, en mi opinión, en que la gente está cansada o no les apetece ser partícipes de la vida pública, y cuando los demás toman una decisión, es justo ponerse a un lado u otro sin opinar muy fuerte. Y no creo que vengan tiempos mejores, es la vida fácil y cómoda la que está acabando con el espíritu emprendedor de la gente en todos los campos vitales, y así no vamos a ninguna parte, sinceramente.