Tecniferio
Babel
Año: 2006.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Reparto: Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael Garcia Bernal, Koji Yakusho, Elle Fanning, Rinko Kikuchi, Adriana Barraza, Said Tarchani, Boubker Ait El Caid, Clifton Collins Jr., Elle Fanning.
Género: drama.
Calificación: notable bajo.
Incomunicación: probablemente una de las mayores lacras de la sociedad de estos tiempos. Es la que probablemente lleva a unos países a invadir otros, la que hace que la gente no pueda llevarse bien, y la que derriba nuestro cacareado Estado de Derecho (o de Derechas, ya no me acuerdo cómo era). Esta película habla especialmente de cómo la incomunicación afecta a modo de efecto mariposa todo lo que nos rodea, ya sean relaciones culturales, familiares o amistosas, y hasta dónde puede llegar a afectarnos algo tan fácil de solucionar. Bueno, fácil si la mayoría se tragase su estúpido orgullo, claro.
La historia de Babel se mueve en varios flancos distintos, y también en diversos momentos temporales, igual que ya hicieran este director y este guionista en sus películas anteriores. Por una parte, tenemos una historia en un Japón (probablemente la que más me afectó a mí) occidentalizado hasta la exageración más angustiosa, en el que una joven sordomuda anhela perder la virginidad como medio de auto-realización, tras quedarse tocada por el suicidio de su madre; lo intentará con el policía que investiga a su padre por regalar un rifle de caza a un marroquí, que a su vez se lo cambiará a un vecino por dinero y 1 cabra, el cuál se lo dará a sus hijos, que probándolo dispararán contra un autobús lleno de turistas americanos y franceses, acertando en el hombro a una de ellos, cuyos hijos cruzarán la frontera hacia Méjico con su niñera para asistir a una boda. Fácil, ¿verdad?
Dicho así, todo parece poco más que una tragicomedia de costumbres, pero el gran poder de Babel reside que, probablemente, sea la película que más emociones negativas me ha despertado en mi vida, junto con Holocausto Caníbal y Akira (ahí es nada). El retrato de un Japón completamente despersonalizado y abyecto, enterrado en una suerte de media vida capitalista y corrupta importada de Occidente y llevada a sus extremos es aún más desagradable cuando le añadimos la historia de la chica que se siente incomprendida en una sociedad tan moderna y desinhibida como para calificar a los discapacitados de monstruos
; por supuesto, su reacción poco civilizada e infantil, aunque explicable por su entorno y su educación, no deja de ser menos cabreante cuando presenciamos las barbaridades a las que se rebaja tan sólo por perder la virginidad, y sin preguntarse qué pasará después.
Por otro lado, la historia de los pastores marroquíes acusados de terrorismo por un régimen opresor por cometer una cagada, tampoco sería tan horrenda si no nos enfrentara a una visión tan cruda de la pobreza y la falta de educación formal. Especialmente desagradables se me hacen las imágenes del hermano pequeño masturbándose mientras piensa en su hermana desnuda, para posteriormente casi matar a alguien sin saberlo. Y no sólo ellos: la mayoría del entorno marroquí, aunque inocente y jovial ante los hechos, a ratos muestra falta de entendimiento ante los sucesos; lo que no tengo claro es si es que no lo entienden o que no les importa.
En tercer lugar, quizá la más sosa de las historias: la de Cate Blanchett (que debería haberse quedado en el bosque con las prótesis en las orejas) y Brad Pitt, reconciliándose en un país extranjero por culpa de la huida de él cuando murió uno de sus hijos, demuestra la falta de tacto del ciudadano medio occidental para afrontar 2 cosas: los sucesos dolorosos de su entorno, y el entendimiento con culturas distintas. Cuando ella monta el numerito en un tenderete mientras comen hablando de la falta de higiene de los marroquíes, a uno le dan ganas de apearse de este Occidente en el que lo correcto siempre es absoluto y desconsiderado. Por suerte, le pegan un tiro.
Ya para terminar, la historia de la niñera mejicana de los hijos de los americanos, que se ve obligada a hacerles cruzar la frontera para acudir a la boda de su propio hijo, en la que los niños aprenderán por la vía dura cosas que nunca quisieron, para posteriormente encontrarse con una situación violenta y tensa al intentar regresar a EEUU sin unos documentos propicios. Y bueno, el resto podéis imaginarlo, ya sabéis cómo son los EEUU...
Seguramente haya sido la película que más me ha gustado e impactado en los últimos tiempos. Sin embargo, creo que no podré perdonarle jamás el estado de mala leche de la que salí del cine, y que me duró hasta bien entrado el día siguiente. Es que ya ni evadirse le dejan a uno. Lo que no sé es si eso es bueno o malo.
Ya para terminar, si quieren Vds. disfrutar de un Babel menos amargo pero más agridulce, les recomiendo esta entrada de mi colega Sansara. No quedarán decepcionados.

vaya,iba a ir a verla hoy, pero creo que esperaré a que se me pasen los dias sensibleros!
@Ferio: bueno, tampoco era mi intención hacer que la gente no fuera a verla, pero sí es verdad que a mí se me hizo una película dura y dolorosa, pero no por aburrida. Si estás sensible y no quieres cabrearte, mejor evítala por el momento.