Tecniferio
Tolerancia
En esta jornada que termina en breve han tenido lugar las celebraciones internacionales por el Día de la Tolerancia. Espera un momento, me dirán, ¿qué celebraciones? Eso mismo me pregunto yo. Una vez más, las Naciones Unidas nos deleitan con uno de esos días de los que sólo sus archivos parecen saber, y que están dedicados a conceptos tan abstractos como el que nos traemos hoy entre manos. A este paso tendremos que desarrollar un buen juego de reglas mnemotécnicas para acordarnos de todos los preciosos valores que quieren inculcarnos; yo, por mi parte, he perdido ya la cuenta.
¿Y qué es la tolerancia? Recuerdo de mi lejano rito de aprendiz en Telecomunicaciones, allá por mis años de universidad, que tolerancia era el factor proporcional que daba el intervalo de valores reales en los que un componente eléctrico funcionaba, tomando como base su valor nominal (el que nos da el fabricante). Así, es más probable que la radio que Vd. recibió tras enviar 12 tapas de yogur a la empresa pertinente esté construida con componentes de altos valores de tolerancia, y cuando Vd. cree sintonizar su emisora de cuplés 24 horas, en realidad está recibiendo emisiones de seres inteligentes de Alfa Centauri. Mire que le dije que se comprara una Sony.

Somos diferentes, somos iguales, somos negros... Sencillamente hechos.
Sin embargo, en otros aspectos cotidianos de nuestra existencia en este Silent Hill que habitamos, tolerancia es ésa palabra que está continuamente en boca de gente que expresa su deseo fervoroso de que seamos mejores personas apartando todo criterio subjetivo de nuestras vidas, dejando de lado el libre albedrío y el derecho fundamental a odiar razonadamente; de esta forma, la oligarquía camuflada en Democracia lanza mensajes de pasividad camuflada en tolerancia a nuestros floreros camuflados de cerebro. Algunos ejemplos prácticos:
- El Parlamento aprueba una ley injusta para el Pueblo y, a todas luces, beneficiosa únicamente para unos pocos grandes empresarios. Como nosotros les hemos puesto ahí, hay que tolerarlo, y ya lo arreglaremos en las próximas elecciones.
- Un país invade otro por motivos oscuros o poco claros, sin repercusiones aparentes para el tuyo. Lo toleras porque no te afecta.
- Un terrible atentado terrorista remueve los cimientos de la sociedad. Los culpables son apresados y se hace justicia, y todo el mundo aplaude durante la única vez que todos parecen estar de acuerdo en algo. Sin embargo, la investigación posterior contradice las conclusiones oficiales, pero nadie hace nada porque ya hubo cabeza de turco.
De acuerdo, de acuerdo, coincido plenamente con sus críticas: son ejemplos forzados, fantasiosos y que raramente se darían en la vida real. Total, nosotros no podemos hacer nada. Mire Vd., yo trabajo 11 horas al día por menos de 1000 € al mes, lo que repercute en mi relación sentimental con mi esposa; además, mi hijo no me escucha y creo que toma drogas, y por si esto fuera poco, mi suegra viene de visita el fin de semana, y el lunes vuelta a trabajar. Debí ser alguien terrible en otra vida...
Basta ya. Todas estas cosas pasan porque Vd., amigo mío, las tolera. ¿Se percata Vd. acaso de que proyecta toda su infelicidad en factores externos y que no le son inherentes? Su modelo viene condicionado de fábrica para ser infeliz, sufrir, y que su situación sea tan mala como para que se le quiten las ganas de inmiscuirse en más problemas. Pero da la casualidad de que es Vd. el que las permite, eligiendo que esas cosas no cambien y que le puedan, y yo soy el tío que se pone violento cuando ve cómo la gente tira su vida por el retrete bailando al son del Flautista de Hamelin.
¿Y cuál es la solución? Está claro: ¡empiece a marcar la diferencia! Si tardan media hora en cobrarle en el gran almacén, pida la hoja de reclamaciones, y llame a la policía inmediatamente en cuanto se la denieguen; si Vd. cree que su jefe no tiene razón en lo que dice, llévele la contraria con su mejor sonrisa; si su madre le repite que puede dejar de fumar cuando quiera, secuéstrele el tabaco y deje que se muerda las uñas. En su mano está hacer que las cosas cambien, y lo único que nos paraliza es el miedo al cambio, los así son las cosas, y los alfileres clavados en el cerebelo.
Por supuesto, en esto como en todo, lo suyo es encontrar la justa medida que no transforme nuestros nobles propósitos en libertinaje. Recuerden que, hasta que se acuerde lo contrario, todos hemos firmado implícitamente el Contrato Social y no podemos ir por ahí aplicando nuestra jusiticia personal como si fuéramos la Mano Derecha de Dios. Repito: no golpee Vd. a su vecino sólo porque sea de una minoría étnica; si a Vd. le molestan la inmigración y el mestizaje, hay medios mejores de mostrar su postura. Tampoco se ponga Vd. el uniforme de la Guerra Civil y saque los tanques a las calles de Getxo para demostrar que España es una gran liebre, ni haga vudú con fotos de Carod, ni acabe con la presidencia de ZP al estilo Harvey Lee Oswald. ¡Está Vd. deshonrando el santo nombre de los que nos llamamos intolerantes!
No, la Palabra que quiero predicar con mi entrada de hoy es la de la intolerancia con mesura y buen hacer. Siempre existen medios mejores y peores de hacer las cosas, y la práctica correcta del no permitir los pitorreos sobre cada uno pasa por encontrar el modo adecuado de hacerlo. Por supuesto, esto ya queda como ejercicio para el estudiante, y confío en que sea exitoso. Si mañana descubro que más de la mitad de mis lectores han tomado acciones directas de malas maneras porque en vez de llegar a un acuerdo tácito con los demás han preferido matarles para que el mundo sea un sitio mejor para ellos, tendré que cambiar el estilo de mi diario y limitarme a reproducir como una masa imbécil y boba las noticias que leo en Barrapunto. ¡No me haga Vd. fracasar en mi empeño de modificar la realidad!
En fin, tras este rito celta de purificación, no me queda más remedio que despedirme hasta una próxima entrega, esperando simplemente que, con un poco de su parte, puedan derribar los absurdos tabúes impuestos de la permisividad y el pasotismo, y que su vida quede iluminada por grandes raciones de la buena y antigua intolerancia que tanto me gusta.
Edición de última hora: parece ser que los Jedis también sabían que ayer se celebraba esto; debieron decírselo los midiclorianos al oído, porque si no... Más información aquí.


¿Entonces estaba bien “beligerante” y “antagonista” en “mis relaciones con la gente”?
Mira que cada día te pareces más a Brieva…
Ah, y por cierto: el tercer ejemplo está claramente sacado de antena 3. No veas tanto la tele, que te ha faltado decir que se ha descubierto que los de euskal herria aprendieron árabe en CCC.
@Ferio: no me uses para justificar tus comportamientos, que estás leyendo lo que quieres leer. Al final pasará lo de Nietzsche y Hitler, y la Historia me recordará como un mendrugo.
El tercer ejemplo, y de hecho la mayoría de esta entrada, están inspirados en un panfleto que me dio un amable anciano anoche en la estación de Atocha. Tenía que ver con un blog de Libertad Digital, con los que no comulgo, pero en algunas cosas no les quito razón. Ah, la visión conspiranoica del mundo, qué placeres nos da...
Cierto es lo que es cierto, aunque prosaico en el fondo, el buen rollito tiene su fin, el día de la tolerancia tiene aparejadas a su insustancial celebración algunos dineros, quizas vistos en plan macro, algo ridiculo para el presupuesto de la ONU, pero quizás no tan ridiculo si se contempla en el nivel de persona, significa un pellizco de unos milloncejos para un amiguete de un politicastro que adjudica la planificación de la campaña a unos u otros, quizás coleguillas, el hijo de su contable o su amante el secretario de vicesubcontrabajodedesdeaantecabo de presidencia… eso nunca lo sabremos. A mi lo que más me jode de las palabras del buen rollito es la hipocresia (que es lo que me jode de la mayor parte de la izquierda moderada) digo una cosa para hacer lo contrario. Porque si un tipo viene y te dice que mataría a negros si pudiese es sencillo de entender, es facil de neutralizar…espero que no se establezcan nexos entre lo anterior y lo siguiente… si un tio de la derecha arquetípica te dice que todos a misa, las faldas largas y la camisa bien planchada, pues ya sabes de que va el asunto y sabes a que debes atenerte, y por tanto obrar en consecuencia… pero cuando te viene uno y te cuenta, la tolerancia, repartir la riqueza entre los obreros oprimidos, respetar todas las tendencias religiosas y politicas, pues es más dificil de prevenirse… cuando haga lo contrario. Creo en su postura de la intolerancia racional, aunque solo sea para aunar esfuerzos de los cuatro cerebros que piensan con cierta independencia poseedores de la flexibilidad suficiente como para no considerar una afrenta a su autoestima el cambiar de opinión… el problema es que no son muchos, para algo se invento la palabra “normal”.
@Ferio: bueno, yo hace tiempo que dejé de creer en izquierdas y derechas, aunque es probable que simpatizase más con los primeros. Pero estos no son tiempos ya para concepciones políticas tan cerradas y sectarias.
Sobre lo de los cachondeos con el dinero, atento a esto. Es que no se salva ni uno...
Sea como sea, yo estoy encantado de ser anormal si ello implica saltarse el modus vivendi del hombre-masa/amasado y el borrego medio/mediocre.
Dios, que triste… Esto me recuerda a una escena de “Agarralo como puedas” en la que Frank Drevin(o como diablos se escriba) esta en una gran cena llena de politicos sube al estrado y al estilo peli de detectives dice algo como “Rindase, esta rodeado, tenemos todas las pruebas que demuestran que usted un corrupto” en ese momento, todos los tios de la sala se levantan de sus asientos y encañonan a sus respectivas esposas… El señala al malo y entonces todos comienzan a disculparse y bromear con su compañera en plan “era una broma”. Pero que triste que triste…
@Ferio: como cantaban Bad Religion, a veces la realidad es más extraña que la ficción.
Mientras toleren mi intolerancia todo va bien, sino tendré que ser intolerantes con aquellos intolerantes que no toleran mi intolerancia.
Nada, se pueden tolerar algunas cosas pero otras no. Además, yo me siento mucho mejor cuando odio algo, ya sea a los trenes de cercanías, a las viejecitas que tengo por clientas o a los mensajes que me envia La Caixa que me hacen creer que tengo amigos cuando me suena el móvil. Odiar es felicidad!
@Ferio: bueno, yo pensaba que el Odio era el camino también, y me costó mucho quitármelo de encima. Prefiero una intolerancia sin odio, se hace más llevadero.
Bueno no me referia bien bien a odio. Claro está que no podemos dejarnos llevar por el odio o la intolerancia. Aunque hoy he ido a una charla en la universidad sobre una gente muy maja que se hacen llamar Joven Europa http://www.joveneuropa.org
donde entre otras cosas dice que lo importante en el camino es luchar, que la guerra es la única higiene del mundo y que en pocas palabras llama a los jóvenes al combate y a la lucha para organizar un nuevo estado nacional-socialista pero a lo europeo. ¿A qué viene esto? no lo sé, quizás sea el hecho de que me han hecho gracia y no sé cómo quitármelos de la cabeza.
Les dedicaré una entrada en el blog.
@Ferio: bueno, organizaciones neonazis las hay a patadas, de hecho con más fuerza cada vez. El devenir histórico, que se repite cíclicamente. De todas formas, lo suyo es otra cosa que no se llama precisamente intolerancia, aunque tampoco encuentro un término concreto para definirlo.
¿Cómo ser tolerante con los intolerantes sin convertirse en cómplice? ¿Cómo ser intolerante con los intolerantes sin convertirse en argumento para su intolerancia? La tolerancia corresponde a la gente y la intolerancia a las ideas. Un ejemplo (tomado de José Antonio Marina): Antes que “respeto su opinión, aunque no la comparta” sería más correcto decir “le respeto a usted, aunque su opinión me parece detestable.”
@Ferio: creo que hablamos desde distintos puntos de vista. Yo no pretendo ser tolerante ni intolerante con nadie en general. No desprecio a nacionalsocialistas ni comunistas, ni a católicos ni ateos, aunque, efectivamente, desprecie algunas ideas sueltas. Lo que quiero decir es que, mientras sigamos permitiendo que factores externos que cuentan con solución nos hagan infelices, nuestra evolución como personas se queda completamente estancada, al igual que nuestra evolución genética se estancó el día que nos convertimos en una mal llamada civilización. Las discusiones morales sobre ello pueden ser muchas y variadas; de hecho tantas como personas con ganas de ello.
Ahí está la gracia, plantear diferentes puntos de vista, hacer de abogados del diablo y permitir discusiones morales en temas que los intransigentes (otra versión de la intolerancia) no se atreverían. El caso es que apenas nos conocemos (aterricé desde el blog de Lhazaros) pero te avanzo que disfruto buscándole tres pies al gato en el sentido de no dar por supuesto nada. Por cierto, muy interesante este lugar. Y un último apunte, yo también soy de ciencias, nadie es perfecto.
@Ferio: bueno, yo avanzo derribando barreras morales tradicionales, impuestas por Occidente, la Santa Madre Iglesia o quien se quiera poner delante. Además, también soy un fiel relativista.
Por lo demás, gracias por el cumplido. Yo soy de rama biosanitaria, pero acabé harto y me acabé encandilando de las aplicaciones prácticas de las Matemáticas, especialmente la programación.
Oh, si maestro!
yo también soy una teleco y no tengo tanta facilidad para escribir… BUEN POST, TE FELICITO! estoy de acuerdo!!!
@Ferio: vaya, muchas gracias. Yo dejé de lado las Teleco para dedicarme al reconfortante mundo de la programación, pero viendo cómo están las cosas con Bolonia, no debí haberlo hecho. Mucha suerte.