Tecniferio
Bill, el héroe galáctico: la saga
Creo que pocos podrán negarme que el libro de Harry Harrison que aparece a la izquierda de este texto es, por derecho propio, un clásico (aunque de segunda fila) de la ciencia-ficción. Conozco a mucha gente, fanáticos del género algunos, y otros ajenos a él, que lo han leído y disfrutado como enanos; y yo, como a algunas cosas no sé decir que no, y encima de eso soy un completista terrible (aunque algunos lo llamarían de otra forma), me hice con esta descatalogada saga y la devoré con ansiedad durante unas cuantas semanas. Ahora, hecha ya bien la digestión, y mirando retrospectivamente, me siento capaz de argumentar más o menos coherentemente sobre ella para que aquél se pierda en el mar de datos que es la Red buscando información sobre estos libros, pueda contar con mi siempre valioso criterio a la hora de elegir.

¿Por qué dije antes que Bill, héroe galáctico es un clásico de segunda fila de la ciencia-ficción? Bueno, creo que está claro que, si alguien nos preguntara cuál es el libro más memorable de este género, lo más probable es que éste no estuviera entre los primeros de la lista, y sus múltiples secuelas menos. Bill es un libro de fácil lectura, de los de domingo por la tarde, que produce sonrisas pero no carcajadas, y en el que los árboles no dejan ver el bosque la mayor parte del tiempo. Al menos yo recuerdo mucho mejor algunas pequeñas cosas que las tramas de cada libro, que son poco más que meras gimkanas. Es decir: es un libro divertido, pero no el tipo de libro que calificaríamos de obra maestra.

Y es que la historia de nuestro héroe, aunque lineal, tiene muchos detalles más memorables que la propia trama. Ésta es bastante simple: Bill es reclutado bajo hipnosis por la Armada Imperial para combatir a los violentos chinger, lagartos de 2.5 m de altura con 4 brazos y muy mala leche. Tras pasar debilidades y problemas en su entrenamiento, Bill descubre que uno de sus compañeros es un chinger disfrazado, que éstos en realidad son muy pequeños (suficientemente pequeños como para caber dentro de un cráneo de robot antropomorfo), y que desconocían la guerra hasta que llegaron los humanos. El resto de la saga gira alrededor de los problemas de Bill con la Armada y sus misiones, a la vez que intenta, infructuosamente, que los humanos paren la guerra contra los chinger. Y ahí termina toda la complejidad del guión.

El resto de los cientos de páginas de la serie son rellenadas por Harry Harrison y los autores que le ayudan con innumerables parodias de la ciencia-ficción más conocida, cuentos para niños, e historia y mitología clásicas. Así, por sus páginas circulan personajes que, en una dimensión alternativa más seria, serían Han Solo, Chewbacca, el Sr. Spock, el Capitán Kirk, los Alien de las películas, Aníbal (el de los elefantes, no el del puro), Hitler, Zeus... Todo para acabar desembocando en una batalla planetaria que es una réplica de la primera Guerra del Golfo, con crítica incluida hacia la administración estadounidense, claro está.

Sin embargo, la historia central jamás termina, aunque sabemos hasta dónde llega ya desde el final del primer libro, en el que vemos a un Bill ligeramente más serio, por fin convertido en oficial tras numerosos ascensos y degradaciones, reclutando bajo hipnosis a su hermano menor mientras hace caso omiso de su madre, que lo único que quiere es que vuelvan ambos a la granja y sean unos técnicos fertilizadores de primera. Pero la trama alrededor de la que gira toda la saga (la guerra contra los chinger) jamás se resuelve. De hecho, no se avanza en ella ni un ápice durante los 7 libros.

Y ello me lleva a pensar que Harry Harrison, en realidad, jamás tuvo intención de desarrollar esa trama, sino que lo que quería era hacer, a modo de novelas ligeras, unas cuantas parodias de otros autores y algunas películas, usando como nexo común a Bill, que ya de por sí resulta una parodia de la Humanidad con su escasa inteligencia, su nulo sentido común, sus 2 brazos derechos (y ninguno izquierdo), y su siempre cambiante pie. Lo malo de esta situación es que, tras terminar de leer los 7 libros, te quedas con la sensación de no haber llegado a ninguna parte porque el personaje sigue igual que al principio, la historia no ha avanzado nada, y has estado semanas pergeñando una conclusión plausible en tu cabeza para acabar topándote con el vacío más absoluto.

Y es que éste es uno de las muchas consecuencias de leerse las sagas literarias de forma compulsiva, como ya descubrí tras leer los 6 libros originales de Dune, sólo para acabar lamentando egoístamente que Herbert falleciera antes de terminar una saga que se había desbocado, por lo menos, hacía 3 volúmenes.
En definitiva, mi consejo es el siguiente: si ha dejado Vd. de leer el primer libro durante años esperando a que llegase el momento ideal, busque una tarde de lluvia en la que no vaya a salir de casa y dedíquesela, pero no siga con el resto de la saga a menos que el primero le haya parecido la más sublime obra del arte literario que jamás haya catado, porque cada volumen no es más que una reiteración de los esquemas cómicos y absurdos (en el sentido divertido de la palabra) de todos los libros anteriores, y encima no llega a ningún sitio jamás. Avisado queda: lo poco agrada, pero lo mucho cansa, y encima apena.
