Tecniferio
Preservación de la capa de ozono y libertad de software
Me pregunto qué podría pensar alguien que por primera vez entra aquí y lee semejante titular, porque la verdad es que suena a artículo barato de revista demasiado especializada como para ser útil. Y barato será, sin duda, pero que se tenga en cuenta que no es culpa mía que ambas cosas, con todos los días que tiene un año, hayan decidido usar el mismo para celebrarse.
En fin, por partes, como decía Jack, el Destripador. La primera celebración que llegó a mi calendario fue la del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, ¿y qué podría contaros yo sobre este tema? Al final va a ser cierto aquello que decía que Un experto es una persona que sabe cada vez más sobre menos, hasta que llega a saberlo todo sobre nada.
La capa de ozono, como la mayoría de cosas que nos preocupan en los últimos tiempos, es algo que nos ha traído la Democracia, y es que fíjense ustedes que, hace 30 y tantos años, en este país todo iba estupendamente; ¿el Enemigo? Muerto; ¿problemas sociales? En público no, gracias; y así ad aeternum con todo. Sin embargo, fue la libertad de ideas la que nos trajo todos los grandes problemas: que si el aborto, que si el comunismo, que si la capa de ozono...
La cuestión es que, a pesar de que la Sociedad dice estar cada día más concienciada con lo que les rodea, los humanos no podemos dejar de comportarnos como unos cafres mientras el beneficio a corto plazo compense. El Protocolo de Kyoto ha quedado enterrado bajo intereses económicos de los grandes, que ahora se regocijan y se ríen al descubrir que la capa de ozono parece estar auto-regenerándose, lo cual aprovechan para dejar de cumplir los objetivos de reducir las emisiones de gases contaminantes. Mientras tanto, el Efecto Invernadero transforma el clima en un auténtico caos; no sé ustedes, pero yo no recuerdo cuándo fue la última vez que en esta ciudad fue primavera u otoño, porque, igual que en Política, el globo tiende a tener sólo dos estados: el malo y el peor.
Mientras tanto, nosotros seguimos andando por la calle y tomando el sol tan ricamente, sin preocuparnos de nuestras actuaciones con respecto a la atmósfera (que si voy a todas partes en coche, que si me fumo 3 paquetes diarios, que si sufro de aerofagia...) porque, total, eso de las cataratas en los ojos es algo que sólo tienen los abuelos, y a nosotros nunca nos va a tocar un cáncer de piel. Hasta que nos toquen y nos lamentemos por lo que pudimos haber hecho y nunca hicimos. Aunque claro, eso como con todo.
Abandonando ya el carácter catastrofista del tema anterior, pasemos a abordar uno un poco más exitoso. Supongo que este año el Día de la Libertad de Software tiene realmente razones para ser celebrado, y es que las soluciones informáticas de código abierto y/o libre son cada día más conocidas y usadas por todo el planeta, lo cuál está ayudando bastante al desarrollo tecnológico de regiones que jamás se hubiera pensando que pudieran levantar cabeza en este aspecto.
¿Y a vosotros, usuarios de sistemas privativos en vuestra mayoría, qué podría deciros sobre el software libre? Todo empezó, originalmente, en las comunidades universitarias científico-técnicas, especialmente en el país en el que suele empezar todo, en forma de programas informáticos que eran libremente compartidos y que podían modificarse como se quisiera para adoptar su uso a las necesidades de cada uno. Sin embargo, dado su carácter estrictamente particular, este tipo de soluciones permanecieron escondidas al gran público durante décadas, hasta que llegaron el Proyecto GNU, el núcleo de Linux desarrollado por el siempre borde y desagradable Linus Torvalds, la FSF, y una serie de iniciativas más o menos exitosas que están ayudando a cambiar el panorama público de la Informática tal y como lo conocíamos.
Sin ir más lejos, cada vez más gente usa Firefox ante los terribles problemas de estándares y compatibilidades del MSIE, y ya de paso se instalan Thunderbird para sustituir al infame Outlook Express. Y eso por no hablar de Linux, que gracias a distribuciones como Ubuntu, que han acercado la potencia de GNU/Linux a los escritorios de la gente de la calle (yo mismo la instalé hace casi año y medio, deshaciéndome de Windows, y no tengo ningún problema para hacer todo lo que hacía).
Sin ir más lejos, la región europea más avanzada en este tipo de cosas es Extremadura (¿quién nos lo iba a decir?) que, con su GNULinEx ha conseguido ponerse a la cabeza de Europa en innovación tecnológica (en lo relativo a software), llegando a presentar sus proyectos hace poco en la Unión Europea para una posible implantación a gran escala (aunque, por ejemplo, en Francia la mayoría de la administración usa ya Mandriva Linux).
¿Y qué conseguimos con todo? Primero y primordial: libertad. El software libre no pertenece a nadie, sino a todos, y puede (y debe) ser redistribuido acompañado por el código fuente para que cualquiera pueda retocarlo para sus necesidades. También mayor velocidad a la hora de solucionar los problemas, ya que la mayoría de proyectos cuentan con multitud de desarrolladores, mantenedores y gente que colabora activamente de una forma u otra con ellos, sin necesidad de tener que esperar eones a que la empresa de turno te saque un parche para ese error fatal que lleva tanto tiempo atormentándote.
Pero quizá lo más importante: un nuevo modelo de negocio, no basado en la concesión de licencias (confío en que sepáis que Microsoft en ningún momento os vende Windows, sino que os lo licencia y se reserva el derecho de hacer con él lo que quiera) ni en la posesión de conocimiento o contenidos, sino en la enseñanza o mantenimiento técnico de equipos, descentralizando por completo el abusivo control de las megacorporaciones sobre la decisión individual de cada persona de hacer lo que quiera o buenamente pueda con la Informática, y es que, aparte de sus innumerables ventajas, el software libre suele ser gratuito (aunque no ha de serlo necesariamente).
En fin, quizá me he emocionado un poco con la segunda parte de la entrada, pero es que cada día me emociono un poco más con el software libre, aunque espero no convertirme jamás en un fanático. Es una pena que este año no haya grupos de celebración aparentes en Madrid (ni siquiera en España), pero eso no es más que un aliciente para estar preparado el año que viene y montar algo nosotros, ¿quizá una fiesta con gente disfrazada de ñu, de pingüino y de diablo?

