Tecniferio
La Isla del Fin del Mundo

Título original: The Island at the Top of the World.
Año: 1974.
Director: Robert Stevenson.
Intérpretes: Donald Sinden, David Hartman, Jacques Marin, Mako, David Gwillim, Agneta Eckemyr.
Género: aventuras.
Calificación: notable.
Puedo decir sin avergonzarme que La Isla del Fin del Mundo es una de las películas más bonitas que he visto últimamente, y que me perdone La Joven del Agua, pero a veces uno echa de menos estas películas ligeras, comúnmente conocidas como familiares, que carecen de pretensión alguna más allá de entretener.
La trama de la película sigue un canon casi clásico en el desarrollo de este tipo de historias: expedición más o menos erudita y/o excéntrica a una región remota y desconocida, de la que sólo se conocen leyendas hechas por pueblos menores, y en la que se espera encontrar algún tipo de tesoro, sea éste real o abstracto. Para esta ocasión, los guionistas de Disney prepararon un pueblo vikingo en mitad del Polo Norte, del cual se conocen leyendas trastocadas a través de un pueblo de esquimales, y en el que se supone que se encuentra el hijo del señor que lanza la expedición. ¡Y ya está!
Bueno, no está, porque entonces menudo bodrio. Evidentemente, pasan muchas más cosas, como que viajan desde Francia hasta el Polo Norte en un zepelín con bastantes problemas técnicos, que los esquimales tienen extrañas teorías sobre lo que hay realmente en el Norte, y que los vikingos tienen un extraño sentido de la Justicia.
La verdad es que, desde que el Tiempo es Tiempo, este tipo de historias siempre han sido muy similares, y a veces uno se siente sobrecogido por el pensamiento de que, vista una, vistas todas. Por ejemplo, el desarrollo de esta película es muy similar al de Viaje al Centro de la Tierra, o al de las novelas de la saga Ella, de Henry Rider Haggard. Pero de todas maneras, como dije al principio, no es la intención de estas películas (o eso opino yo) convertirse en Grandes Clásicos, sino en clásicos medianos que poder ver antes de irte a la cama, sabiendo que no te van a dejar mal sabor de boca a pesar de que no cuenten con los mejores efectos especiales del planeta.
Bastante recomendable si nunca dejaste de ser un niño, si en tu corazón la aventura pugna por salir, o si no eres un bakala sin sentimientos.

El hilo argumental es significativamente parecido al de ésta, de 1925, reversioneada hasta la saciedad y reinventada por Crichton en la literatura. De todas formas, es que no hay nada tan bonito como las ingenuas historias sacadas del XIX.
Y eso me recuerda que aún tengo que desempolvar para leerme la segunda parte de La Liga de los hombres extraordinarios. A ver si encuentro todos los números… :S
@Ferio: la verdad es que tenían un encanto que ya no se encuentra en el cine actual, por suerte o por desgracia.
Yo tengo los tebeos, pero hasta que no termines con los otros, nada.
Si la verdad, es exactamente lo que tienen las peliculas antiguas de aventuras, una ingenuidad envidiable. La verdad es que igual que en las novelas, Julio Verne o Conan Doyle o Burroughs (el de Tarzán, que no el de Yonqui)...Debo estar muy viejo.
@Ferio: yo aún sigo disfrutando con las novelas de Rider Haggard; supongo que más que cuestión de hacernos viejos, es cuestión de expectativas no cumplidas en una vida demasiado apática muchas veces.
alguien podria decirme donde consigo esta pelicula, la he buscado por todos lados pero no la consigo, por favor?
@Ferio: yo la vi en casa ajena y grabada de la televisión. Es todo lo que te puedo decir, además de desearte suerte.