Tecniferio
Julius Caesar

Año: 1953.
Director: Joseph L. Mankiewicz.
Intérpretes: Marlon Brando, Louis Calhern, Deborah Kerr, James Mason, Greer Garson, John Gielgud, Edmund O'Brien.
Género: drama.
Calificación: notable.
Me parece increíble que el Cine Doré (perteneciente a la Filmoteca Nacional) sea la sala con el público más maleducado que me he encontrado jamás, siendo todos tan perilleros y progresistas; que si me quiero meter en un palco, que si no paro de hablar en mitad de la película, que si me lío a gritos en mitad de la sala, que si huelo muy mal y me duermo encima de tu hombro... ¡Y eso por no entrar en detalles personales más escabrosos! De todas maneras, a veces bien vale la pena ir a probar qué sale de algunas películas que proyectan, ya que de otra forma sería improbable que las viéramos de otro modo.
Probablemente éste fuera el caso de Julius Caesar, una de esas películas que yo nunca hubiera elegido por mí mismo, dado que su temática tampoco es santo de mi devoción. Sin embargo, como estoy siendo iniciado en Marlon Brando (qué narices, en el cine en general), se consideró que esta cita era ineludible y a ella acudí.
La película es una adaptación de la obra de teatro homónima de la persona que firmaba como Shakespeare (soy fiel partidario de la teoría de que éste era en realidad Sir Francis Bacon bajo seudónimo), y cómo tal obra de teatro, ciertos recursos narrativos resultan un poco extraños, como la explicación del leitmotiv de cada personaje en voz alta, al más puro estilo de los malos de la serie de Batman de los '60, o también la deliberadamente lenta acción en algunos casos.
También es un poco extraña la inmensa cantidad de anacronismos introducidos, algunos de forma descuidada, y otros para dárselo todo bien mascado al público:
- Un famoso busto del Emperador Adriano aparece por todas partes; sin embargo, este señor no nacería hasta 1 siglo después, y las manipulaciones Bene Gesserit no se remontan hasta tan antiguo.
- Todo el rato hablan de España e Italia, inventos de casi 20 siglos después.
- Bruto se pasa media película leyendo un libro, pero la imprenta no se inventó hasta el siglo XV.
- Un señor con gafas. El anacronismo son las gafas, invento del siglo XV, no el señor.
Aparte de estos detalles escabrosos (parece que me estoy esmerando en derribar la película), cabría destacar la fuerza de ciertas escenas, como el discurso de Marco Antonio (Marlon Brando) tras la muerte de César ante el fácilmente manipulable y muy pendular populacho (aunque el resto del papel no me terminó de convencer), o las diversas escenas semi-profundas de Bruto (James Mason), que fue, con mucho, mi personaje preferido de la película, y probablemente el papel mejor ejecutado.
Por lo demás, no mucho más que decir. Yo, que en general soy poco amigo del cine que se escapa de temáticas cercanas a mis gustos, y que tiendo a pensar en las producciones antiguas como si fueran terriblemente aburridas, cada día puedo opinar menos de esta manera, aunque a veces el camino sea largo y duro, y más de 50 años entre medias puedan resultar excesivamente anacrónicos. Lo mejor sería que probaran ustedes y luego opinaran.

¡Que no, hombre! ¡Que el cine de los cincuenta está muy bien! Es instructivo, recatado y sin ultraviolencia. Si quieres, te invito a tragarte un ciclo de Lubitsch el mes que viene que vas a agonizar del gusto. ;P
Pues mira que yo pensaba que era Marco Aurelio y no Adriano; que se parecen un rato.
@Ferio: si pagas tú, me trago el ciclo ése penitentemente, pero no respondo de mis ronquidos.
El busto es de Adriano, o eso ponía en IMDB; represalias, contra ellos.
No, no, si es cierto. Vamos, que las modas ya eran refritas en los principios de nuestra era, pero es que se parecen mucho en los cachetes.
Una o dos, para tu base de cultura celuliode, tragarás si gustas. Yo no me meto ciclos enteros en la filmo ni loca. Qué gentuza como allí no he visto nunca. También el público varía mucho dependiendo de la hora y si está concurrida la sesión. Luego está el tema del precio, que permitía que se colaran vagabundos a dormir en invierno, pero vamos, que esos son de los que menos molestan, porque una y muchas otras antes que una se vieron sorprendidas por los luengos tentáculos de cerdos cabrones que se cuelan a meter mano por los mismos motivos.
@Ferio: yo recuerdo ir a ver alguna película y tener que acabar sentado al lado de un mendigo que dormitaba y olía a pis como el mismísimo demonio, y no es plato de buen gusto. Con cerdos cabrones no he tenido aún el gusto de encontrarme, pero como me toque alguno, le salto los dientes.