Tecniferio

Ruidos

2006-09-10 14:31

No sé ustedes, pero yo he notado un estresante aumento en la cantidad de ruidos que sufrimos habitualmente en nuestras vidas, especialmente en nuestras casas, en los últimos años. Quizá sea que me malacostumbraron cuando era joven: yo vivo en un primer piso que da a un patio interior, y mis vecinas de abajo eran sendas ancianitas viudas que sólo hacían ruido (es un decir) cuando se juntaban cada día en el patio, a eso de las 12 de la mañana, a pasar revista de lo que habían hecho la tarde anterior y ese mismo día hasta el momento. Mis vecinos de tabique eran, casualmente, 2 matrimonios en los que uno de los cónyuges yacía en cama con enfermedad crónica y, quitando los esporádicos gritos nocturnos de dolor, tampoco se les oía nunca. También tenía una madre con su hija a las que, salvando el detalle de los portazos habituales al salir de la vivienda, jamás oí una voz más alta que otra. Y encima de mi casa no vivía nadie.

Sin embargo, de hace unos años a esta parte, he visto mi calidad de vida muy reducida por culpa de los continuos ruidos que sufro a todas horas. Mis dos vecinas de abajo murieron y fueron sustituidas por diversos grupos humanos más o menos cívicos: durante un par de meses vivieron en una de las casas 3 obreros polacos que por la noche ejercían de drag queens (verídico), y que no hacían ningún ruido, además de resultar bastante agradables; sin embargo, fueron sustituidos por 5 dominicanos que no entienden el significado de la palabra convivencia, ni con los demás ni entre ellos. Ya hemos tenido que llamar a la Policía un par de veces porque hay uno entre ellos, al que apodamos cariñosamente Dinio, cuya máxima distracción es majar a palos de madrugada a una de ellas, ¡y no me malinterpreten! A mí lo que me molestan son los gritos porque, con lo mayorcitos que son, ya nadie podría enseñarles a dejar de comportarse como cafres. Y si sólo fuera su primigenio comportamiento de pareja, todavía, pero cuando no se están gritando es porque están cantando rancheras de Rocío Dúrcal o bailando reggaetón en el patio. Un patio, por otra parte, que es propiedad de mi comunidad y de la comunidad vecina, y que no está pensado para su disfrute personal más allá de usarlo para tender la ropa, así que tampoco deberían cortarle el pelo ahí a sus amigos, como tienen por costumbre, y estoy seguro que alguna legislación impide el asunto del predicador anglo-parlante que traen cada 15 días al más puro estilo televisivo/radiofónico del santísimo Estado de Texas.

Pero resulta que también falleció uno de los matrimonios con los que compartía tabique, y vinieron unos canarios (2 hembras y 1 macho). Tienen por costumbre montar cenas multitudinarias en la habitación que da, precisamente, a mi cuarto y al de mis padres; anoche tuvieron la música a toda pastilla hasta las 2 de la madrugada, y no avisamos a la Policía por razones que no vienen al caso. Durante el día, uno de ellos toca la guitarra española, y otro toca villancicos con una flauta. Qué emotividad, qué pasión, y qué tocamiento masivo de gónadas, pardiez.

Encima de mi casa se estableció un matrimonio sordomudo con su bebé. Todavía espero el día en que oiga llorar al niño (a lo mejor la tara es congénita), pero reclamo para mí todos esos momentos de sueño perdidos cuando se les cae la Mítica Canica que todos los Vecinos de Arriba reciben cuando compran el piso. También los causados cuando derriban muebles, o lo que sea que hagan para producir semejante estrépito.

El resto de vecinos que han ido cambiando se comportan más o menos: del otro matrimonio, él falleció, y a ella no la oímos nunca (aunque olemos Eso que cocina y tenemos que cerrar las ventanas y coger bombonas de oxígeno); en uno de los pisos de las ancianas ahora hay 3 polacas que se pasan el día fuera de casa y, cuando llegan, deben estar tan agotadas que no se las oye; y en casa de mi otra vecina, la hija se marchó a vivir a otra población, y ella sigue dando los mismos portazos, pero creo que ya forman parte del ruido blanco.

Sin embargo, como compensación, en el 2º piso de la finca de enfrente, tengo a unos inquilinos madrileños (que no quede todo en foráneos) cuyo cabeza de familia (y vaya cabeza poderosa, si ustedes la vieran...) se dedica a usar toda su capacidad pulmonar (una de las pocas capacidades con las que parece contar) para gritar a los cuatro vientos cada vez que alguno de sus ídolos (Pedrosa, Alonso, la selección de baloncesto, la de fútbol...) consigue una victoria; sin ir más lejos, hace un rato ha gritado un ¡Bien! que me ha despertado ganas de obtener licencia de armas y la abolición de unos cuantos artículos de la Constitución. Por supuesto, es un caso de haz lo que te diga, no lo que yo haga, porque les atiza unas somantas de hostias a sus hijos porque gritan...

Y como en todas partes cuecen habas, ayer descubrí que el niño de los vecinos africanos de abajo de uno de mis amigos tiene como diversión golpear con un martillo las paredes del patio de su casa, causando un estrépito terrible, y quién sabe si no mellando los cimientos y los tabiques de contención del inmueble entero. ¿Quién no ha jugado jamás al Rampage?

Y es que en el juego de la falta de civismo, la nacionalidad y el color de la piel parecen dar igual, porque una vez más nos encontramos con un claro caso de falta de educación formal entre los absurdos especímenes que nos rodean. Por desgracia, ellos son mayoría, y nosotros víctimas. Pena de dinero para insonorizar mi casa; sus cerebros hace tiempo que fueron insonorizados.

Para más información sobre el tema, especialmente legal (¡ay, si mis padres no fuesen tan borregos para algunas cosas...!), les recomiendo el portal de la lucha contra el ruido. Si tan sólo uno de nosotros puede mejorar su calidad de vida, la lucha habrá merecido la pena, aunque tan sólo para él, y es que hay que joderse con los vecinos y sus rancheras de Rocío Dúrcal.

  1. Kali  2006-09-10 16:48  Enlace a este comentario

    En estos momentos los ruidos que una padece son más bien moderedos y lamentablemente producidos entre las cuatro paredes de su propia casa. Sin embargo, hasta los 19 años estuve com-padeciendo, en el sentido más arcaico de la palabra, la convalecencia de mi vecina. Una parálisis ocasionada por un accidente de tráfico la dejó como a Benavente en esa arquetípica imagen que todos tenemos en mente. Esta situación la hacía depender por completo de su marido, a quien llamaba a gritos o alaridos (debido a la incapacidad para articular bien las palabras); orquestaba día y noche el patio interior con una sinfonía de manicomio que nos ha impedido disfrutar de visitas durante varios años.

    LLegado en momento en que su marido no podía hacer frente sólo a su estado degenerativo, la SS, en lugar de internarla, puso a su disposición una cama-grúa, sin pensar en que los tabiques de las viviendas de la postguerra son de papel de fumar. Chirrídos, el craqueteo de engranajes, junto con la bomba a presión hidráulica me provocaron algún que otro chichón. No voy a decir que ese ruido tuviera la culpa de mis ojeras, rostro huraño o fracaso escolar, pero despertarse varias veces de madrugada con ese sonido celestial y los gritos cavernosos no ayuda a nadie.

    Decía Palahniuk que ese ruido creciente en el exterior está pensado para paliar el vacío de nuestra mente o tal vez, para provocarla.

    @Ferio: si restamos el hecho de que mi incultura me impide imaginarme a Benavente de ninguna forma, me hago a la idea. A mí esto cada día me pone de más mala leche, y la pasividad de mis señores padres ante la afrenta a nuestra intimidad es la guinda que corona la tarta. Teniendo en cuenta que el administrador de la finca de al lado pasa de nosotros, yo ya habría escrito al Defensor del Pueblo y habría interpuesto una queja ante la Administración; sin embargo, parece que es mejor tragar.
    Lo que yo aplicaría en este caso de Palahniuk sería lo del otro libro aquél, lo de repartir guantazos...

  2. Dechoir  2006-09-10 21:54  Enlace a este comentario

    Siento mucho que estés a merced de los ruidos en esta hora ímpia que parece no termianr nunca.

    Lo de los sudamericanos es lo peor. Una vez tuve un amigo que esgrimía el argumento de que la maña educación de muchos sudamericanos se derivaba de que que la copiaban de los españoles. Yo siempre defendía la idea de que eran ignorantes que no se preocupaban por respetar las vidas ajenas ni por tener un mínimo de civismo con el Gobierno que tan de puta madre les trata en muchas ocasiones.

    Emigra Ferio o en su mejor caso, enrabola la bander ade la justicia y véngate. Tu eliges el medio ;) Aunque lo de ojo por ojo y el mundo acabará ciego es otra historia, es lo único que algunos les hace ver la luz de que deberíamos respetarnos más entre nosotros.

    @Ferio: a mí no me preocupa la raza o el color de la piel, yo lo único que pido es que se comporten cívicamente, desde que llegaron los canarios de al lado no plogro pegar ojo en condiciones, y eso no puede ser.
    Antes o después acabaré emigrando, pero mientras tanto intentaré que mis padres entren por el aro de la Ley, a ver si así logramos algo.

  3. Dechoir  2006-09-10 23:38  Enlace a este comentario

    A mí tampoco me preocupa el color de la piel o la raza, pero es curioso que entre esas personas se den esas actitudes más. Auqnue por otra parte, también hay españoles tremmendamente maleducados.
    Hace tiempo, cuando viví en Málaga y era un prometedor estudiante de Teleco, se me dió un caso similar. Tuve discusiones con los compañeros de la residencia universitaria porque no me dejaban pegar ojo. Al final, acabé largándome y montándomelo por mi cuenta en otra parte, pero esa es otra historia.
    Si te marchas de España finalmente, avisa. Espero que les hagas entrar por el aro de la Ley, pero ultimamente pasan tantas cosas raras que creo que puedo entender porque pasan tus padres. De cualquier modo, es inadmisible. Por otra parte, desgraciadamente , en la mayoría de las casos, hasta que uno no les paga con la misma moneda no le toman a uno en serio. Aunque eso no suele ir con mi caracter ni el tuyo.

    @Ferio: por eso digo que es cuestión de educación y de nada más; sin ir más lejos, los pijos que salen del Gabanna los fines de semana orinan en el portal de un amigo mío. No depende de nada más que de cada uno, por desgracia, y al paso que vamos...
    Si algún día me marcho de España, será dentro de bastante tiempo, y sólo en pos de la Felicidad. Por desgracia, los planes a largo plazo siempre quedan demasiado lejos...

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