Tecniferio
Mandil y torrija
Leo anonadado en el periódico El Mundo de hoy, Jueves Santo, una columna de opinión llamada Vicios de la Corte, de un tal Raúl del Pozo; su entrada se llama igual que la mía, y el texto que ha elegido para resaltarse reza La masonería no pudo ni contra el patriotismo ni contra la Semana Santa en la España del incienso, el beso de Judas y los claveles rosa pálido de azahar. Desconozco por completo el resto de la obra de este señor, así que no entraré a juzgarla, pero su escrito de hoy es, a mi visión sesgada y partidista (como la suya), nauseabundo. Creo que no hay línea que no haya escrito en la que no exalte cosas como los toros alanceados, los caballos destripados y ante los penitentes que se azotaban por Dios (está hablando de las impresiones de los turistas ante las costumbres de este país); sin embargo, hace mofa, befa y escarnio de cosas como las costumbres heterodoxas de los asistentes a las procesiones, en las que creo entender que piensa que no visten con la suficiente castidad como para asistir a tan bochornosos eventos. Claro que, teniendo en cuenta que cita entre sus fuentes a otro periódico de conocida afiliación política, el ABC, y que defiende a capa y espada la España de las mantillas, el mea culpa por aquí mientras cometo un delito por allá, y el qué pío soy durante 1 semana al año, no me extrañaría que este señor fuera de los que salen descalzos por la ciudad con una inmensa cruz de madera al hombro por el perdón de los pecados y la vida eterna en pleno siglo XXI.
Y mi pregunta es: ¿qué le pasa a El Mundo y qué le pasa al mundo? Ya sé eso de que las publicaciones no se responsabilizan de los escritos de sus periodistas, pero en tiempos este periódico era más moderado, y sin embargo me asusto aún más cuando, al seguir ojeando el facsímil, me encuentro con las declaraciones de un miembro de la Iglesia en las que habla, aterrado, de aquellos oscuros tiempos en los que los Punks, llenos de cadenas, fornicaban sobre los coches. Y digo yo, ¿no se quedó este otro señor en el Berkeley de los ‘60 en vez de en el Londres de los ‘70? Porque mucha droga hay que tomar para distorsionar tanto la realidad…
No sé, será que yo soy muy moderno y creo en otras cosas distintas en unos tiempos en los que los totalitarismos vuelven a la escena política mundial, pero aunque España sigue siendo la provincia del norte de Marruecos, creo yo que ya es hora de ir dando pasos como los que dio Jesús hacia la cima del Gólgota, e ir enfocando un poco más nuestro futuro hacia el laicismo, la lógica y el ser humano, y menos hacia una Iglesia irracional e infantil que se confunde con el Estado casi tanto como el Poder Legislativo con el Ejecutivo, una irracionalidad que nos lleva a la tortura de las mal llamadas festividades taurinas y el tirar cabras desde los campanarios, y un Dios que, en caso de estar ahí, hace tiempo que se aburrió de nosotros ante nuestra estupidez congénita y las barbaries que cometemos. Todo sea porque España algún día se convierta en la provincia del sur de Europa.
La conclusión a la que llega el señor del Pozo (que dicho así tiene nombre de demonio) es, tras decir que no comprendía a Voltaire y que Napoleón era malo por no entender las costumbres españolas, que Zapatero no ha podido acabar con lo que está realmente arraigado en el corazón de la Patria a pesar de estar disgregando España, y luego le acusa de masón, aunque yo juraría que para que exista acusación, ha de existir delito, y la masonería solo fue delito en los tiempos de… Pues eso.
Mi conclusión, por otro lado, es que, a pesar de que ahora me tomo la vida de forma más relajada y dejo que me afecten menos lo que a mí entender son idiocias y cegueras por parte de los demás, de vez en cuando me viene de perlas odiar un poquito a estos seres cuasi-anónimos para reafirmarme en mi papel de defensor del progreso de la Humanidad por cualquier vía decente. Pero joder, ni que no nos bastara con César Vidal, como para que encima le salgan imitadores.

Para rematar, hoy 14 de abril se cumplen 75 años de la proclamación de la II República. A una siempre le queda preguntarse cómo sería España ahora mismo si no se hubiera producido el golpe de estado que nos sumió en la oscuridad durante 40 años y del que columnas en periódicos como la que mencionas son los (esperemos) últimos coletazos. La Historia sigue su curso.
@Ferio: y el jueves que viene el aniversario del nacimiento de Hitler. Sinceramente, creo que ya va siendo hora de que nos olvidemos un poco de tantas conmemoraciones y miremos hacia adelante de otra forma, aunque al ritmo que vamos, complicado. Sea como sea, si Franco no hubiera sumido a España en una represión de consecuencias políticas agresivas y de daños colaterales culturales, ahora seríamos iguales, pero con armas más avanzadas. No sé, tengo la horrible sensación de que en este país llevamos la barbarie en la sangre y que la Cultura es algo que nos aterra más que cualquier guerra. Soy un hombre falto de fe.
Oh gran prohombre! ejemplo de antigañanes!
le he encontrado aqui ! y es para darle la enhorabuena !
ÑIAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
@Ferio: yo no debería hacer favoritismos entre unos y otros, pero que sepas que eras una de las... Ehm... ¿Personas? Pues eso, personas a las que más echaba en falta desde mi espantada salida del LJ.
Opino que las fechas no son sólo para conmemorar, sino para tomar conciencia de los hechos históricos y evitar que algunos de ellos se repitan, o como poco intentarlo.
Llámame demasiado ingénua si quieres, pero si la República hubiera triunfado creo que ahora las cosas serían muy diferentes. Y si bien es cierto que cada vez más gente parece tener cierta inercia hacia la cultura tan chungos no estaríamos. Yo sí tengo fe, aunque para lo que sirve… Ya sabes, artículo 145.1 de la Constitución ;)
@Ferio: bueno, yo ni siquiera soy partidario de conmemorar fechas, me parece simplemente la excusa para no acordarnos de las cosas durante el resto del año, como si fuera una redención. Hace falta algo más que fechas para cambiar las cosas.
De todas formas, la II República tampoco era un ejemplo de tolerancia y respeto. Aunque no llegara a los límites del Generalísimo, restringía las libertades de ciertos sectores de la sociedad para consrguir ciertos puestos (estoy pensando en los curas, por ejemplo) a causa de una paranoia y una enemistad febril y poco lógica. Vamos, que sabes que yo soy el primero que aboga por una destrucción total de la Iglesia como la conocemos, pero hay formas mejores que declarar públicamente que tus ciudadanos pertenecientes a ella pasan a ser de 2ª.
En fin, dicen que la Esperanza es lo último que se pierde, pero a veces es más una entelequia que otra cosa.